Editar desde el litoral

27 diciembre 2025 7 minutos
Redacción

Pese a los avatares de un tiempo inhóspito, el balance 2025 de La Hendija Ediciones rescata los aprendizajes protagonizados y valora los desafíos sostenidos. El abrazo a autores que producen desde los márgenes y la incumbencia teórica y profesional de propuestas arraigadas en el territorio son dos características del catálogo. Por fuera de lo formal, hay una esencia vinculada a la escucha que le da sustentabilidad a la propuesta y le permitió adaptarse a las contingencias. Ese afán por conversar para construir se manifiesta en la relación con los especialistas y con quienes los leen, pero también entre los libros, enfocados hacia lo social, lo educativo y lo comunitario. 

Los que recorren una librería o un stand con publicaciones suelen abstraerse en ese diálogo singular que se establece entre los sentidos de la vista y el tacto, los volúmenes en tanto objetos y la trayectoria de los y las autoras, para emprender una charla un tanto indescifrable y decisiva de la que participan la experiencia y las inclinaciones lectoras.

De un modo similar, quienes repasan un catálogo web suelen detenerse en auscultar los índices o zambullirse en la entrelínea de un prólogo para intentar comprobar si la primera impresión sobre este o aquel libro fue acertada.

Se trata de exploraciones generalmente puntuales, sesgadas por el área de interés o por la pertenencia a un campo específico, movidas por inquietudes personales o por sugerencias de colegas.

De ese universo heterogéneo, muy pocos adquieren una panorámica del catálogo en el que las obras se inscriben y menos aún se ponen a pensar y logran imaginar en qué consiste llevar adelante una gestión que, si la organización es independiente, debe contemplar no sólo una serie de asuntos vinculados a los contenidos sino también a asegurar la sustentabilidad del proyecto, en contextos de márgenes estrechos, donde los insumos presentan costos volátiles, en sostenido ascenso, mientras en sentido inverso se degrada la capacidad adquisitiva general.

Lo descripto justifica la entrevista de Tekoha a Laura Martincich y Armando Salzman, alas de La Hendija Ediciones, una iniciativa que tomó vuelo en 2009, que aspira a constituir una comunidad que supera las cuestiones estrictamente intelectuales entre autores y autoras de Argentina y de otras culturas hispanoparlantes, y que, al integrar la comunicación digital con el encuentro cara a cara, procura modelar un vínculo particular con lectores.

Se desarrolla en un terreno de tensiones diversas el trabajo de los editores de provincias: el lazo humano y la exigencia profesional, la relación entre propuesta, contexto y escala de realización y distribución, el diálogo entre los deseos personales y la realidad. Esos ingredientes, en proporciones cambiantes según los ciclos, deben a su vez aportar a la constitución de una especie de identidad con capacidad de generar sentido de pertenencia. 

En la nota que sigue los entrevistados abordan estas situaciones y comunican un criterio que van aplicando a distintos casos. “La apuesta es fortalecer el mercado interno, ampliar y afianzar la circulación de los libros en distintos territorios del país y, al mismo tiempo, abrir con mayor decisión el diálogo con el mercado exterior, especialmente en el ámbito hispanoparlante, sin dejar de lado el trabajo personalizado que nos caracteriza”, definieron.

– En función de lo que habían imaginado cuando lo planificaron, ¿qué balance hacen del 2025? ¿Qué aspectos consideran claves a la hora de producir una evaluación integral, atendiendo al perfil de la editorial?

–El balance del 2025 es complejo y, justamente por eso, valioso. Fue un año más difícil de lo que habíamos imaginado en términos económicos y políticos, pero al mismo tiempo confirmó la necesidad y la vigencia del proyecto editorial que venimos construyendo. Al momento de evaluar, entendemos que no alcanza con mirar indicadores clásicos como la cantidad de títulos publicados o los niveles de venta. Para nosotrxs, la evaluación tiene que incorporar otros criterios: la coherencia política del catálogo, la capacidad de intervenir en debates públicos, el cuidado de los vínculos con autorxs y lectorxs, y la presencia territorial en espacios académicos y culturales.

En un contexto de fuerte ofensiva contra lo público, el pensamiento crítico y las políticas de derechos, sostener una editorial independiente de ciencias sociales fue —y sigue siendo— una decisión profundamente política. El 2025 puso a prueba la flexibilidad del proyecto, la capacidad colectiva de priorizar, de ajustar ritmos sin resignar sentido, y de reafirmar una identidad editorial que no se subordina ni a la lógica del mercado ni a la coyuntura inmediata.

– ¿Hay algo que haya asomado en 2025 y le gustaría profundizar a futuro?

–Durante 2025 tomaron mayor fuerza algunas líneas que ya venían siendo parte del catálogo, pero que el contexto volvió urgentes. Entre ellas, los debates en torno a educación, Estado, mercado y desigualdad; la salud mental pensada desde claves comunitarias y no medicalizantes; las infancias y adolescencias atravesadas por nuevas formas de vulneración; y las disputas culturales en torno a los derechos.

También se volvió más visible la necesidad de pensar formatos más ágiles: publicaciones breves e intervenciones editoriales de circulación rápida que permitan acompañar debates en curso sin perder densidad teórica. Profundizar estas líneas implica ensayar nuevas estrategias editoriales, siempre sosteniendo el trabajo cuidado que define nuestro modo de hacer.

– En términos de catálogo, ¿qué advierten cuando miran lo recorrido en retrospectiva?

–Al mirar el catálogo en retrospectiva, aparece con claridad una identidad sólida y consistente. No se trata de un catálogo construido por acumulación ni por oportunismo, sino de una apuesta sostenida a libros que dialogan entre sí y que construyen una mirada crítica situada en América Latina y, en particular, en la Argentina.

En ese recorrido se reconoce una preocupación persistente por articular teoría y práctica, pensamiento académico y experiencia territorial. También se advierte una confianza en autorxs que piensan desde los márgenes, desde disciplinas y prácticas comprometidas con lo social, lo educativo y lo comunitario. Esa coherencia es uno de los principales valores del proyecto editorial.

– ¿Cómo está organizado el catálogo de La Hendija Ediciones?

–El catálogo está organizado en grandes núcleos temáticos —Trabajo Social, Educación, Salud Mental, Género, Infancias, Filosofía y Ciencias Sociales— que no funcionan como compartimentos cerrados, sino como zonas de cruce. Los libros dialogan entre sí, se responden y se amplían mutuamente.

Más que una clasificación rígida, el catálogo propone recorridos de lectura posibles, invitando a transitar problemas comunes desde distintos enfoques disciplinares y políticos. Esta forma de organización expresa una concepción del conocimiento como proceso colectivo, situado y en permanente construcción.

– ¿Cómo intervienen las vías digitales en la comunicación con los lectores? ¿Cómo se complementan con la presencia de stands en ferias y congresos? ¿Qué devolución tienen de los destinatarios?

–Las vías digitales ocupan un lugar central en la comunicación cotidiana con lxs lectorxs: permiten sostener presencia, ampliar el alcance territorial y construir comunidad más allá de la cercanía geográfica. Redes sociales, mailing, WhatsApp y tienda online funcionan como espacios de intercambio, recomendación y conversación.

Al mismo tiempo, la presencia física en ferias, congresos y presentaciones sigue siendo insustituible. Los stands habilitan encuentros directos, conversaciones más profundas en torno a los libros y una devolución muy clara por parte de quienes se acercan: se valora el acompañamiento editorial, la posibilidad de dialogar con quienes editan y el carácter artesanal y comprometido del proyecto.

– ¿Qué es editar un libro en el litoral argentino? ¿Qué tareas y acciones involucra? ¿Qué equipos se activan en las distintas etapas?

–Editar un libro en el litoral argentino implica hacerlo desde una geografía históricamente descentralizada del campo editorial, pero profundamente activa en términos culturales. Supone asumir un proceso integral que va desde la lectura y evaluación de originales hasta la edición y corrección, el diseño y la diagramación, la gestión en el área de imprenta, la distribución, la difusión y la venta directa.

El trabajo se sostiene en un mismo equipo estable, pequeño y altamente comprometido, que acompaña cada libro de principio a fin. En ese equipo se articulan las tareas de corrección, diseño y diagramación, la relación con la imprenta y una dirección general que coordina el proceso completo, toma decisiones editoriales y se mantiene flexible frente a los cambios que imponen tanto el contexto como cada proyecto en particular.

Esta modalidad implica un trabajo artesanal y muy cercano, donde los roles se complementan y, en algunos momentos, se superponen según las necesidades de cada libro. Editar, en este marco, no es una secuencia fragmentada de tareas, sino un proceso colectivo y continuo, en el que cada publicación es acompañada como un proyecto singular, atendiendo tanto al contenido como a sus condiciones de producción y circulación.

– ¿Se aprende a ser editor? ¿Qué tanto se saca de los manuales y cuánto aporta la experiencia en el caso de La Hendija Ediciones?

–Entendemos que el oficio editorial se aprende, pero fundamentalmente en la práctica. Los libros aportan herramientas técnicas necesarias, pero la experiencia concreta —la lectura atenta, el diálogo con autorxs, la toma de decisiones complejas, el error y la revisión constante— resulta irremplazable.

En nuestro caso, el trabajo editorial se construye de manera situada, en contacto permanente con el contexto social y político, y con una escucha atenta de quienes escriben y de quienes leen. Para nosotros editar es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad cultural compartida.

– Más allá de los aspectos identitarios, editar y poner a circular un libro es parte de una ecuación económica, ¿qué ha deparado el 2025 en ese sentido? ¿Qué puede esperarse en el corto plazo?

–El 2025 fue especialmente adverso en términos económicos para el sector editorial independiente: caída del consumo cultural, aumento sostenido de los costos de impresión y distribución, y un escenario de fuerte incertidumbre. La sostenibilidad del proyecto se sostuvo a partir de estrategias combinadas: tiradas cuidadas, venta directa, fortalecimiento del canal digital y presencia constante en espacios de circulación específicos.

En el corto plazo, el escenario sigue siendo complejo. Todo indica que la continuidad de los proyectos independientes dependerá cada vez más de la creatividad, las alianzas y la capacidad de construir comunidades lectoras comprometidas.

– ¿Cuáles son los planes de La Hendija Ediciones para 2026?

–Para 2026, el horizonte es consolidar las líneas ya abiertas del catálogo, profundizando una identidad editorial que se fue construyendo de manera sostenida y coherente. La apuesta está puesta en fortalecer el mercado interno, ampliar y afianzar la circulación de los libros en distintos territorios del país y, al mismo tiempo, abrir con mayor decisión el diálogo con el mercado exterior, especialmente en el ámbito hispanoparlante, sin que todo esto deje de lado el trabajo personalizado y humanizado que hacemos.

Un eje central será seguir consolidando la presencia pública del proyecto, tanto en el plano digital como en el presencial. Esto implica profundizar el trabajo en redes y canales propios, pero también sostener y ampliar la participación en ferias, congresos, presentaciones y espacios de encuentro con lectorxs, autorxs e instituciones. La dimensión relacional del trabajo editorial es —y seguirá siendo— un aspecto clave.

El objetivo no es crecer en cantidad sin criterio, sino fortalecer un catálogo con sentido, rigor y compromiso político-cultural. En ese horizonte, editar continúa siendo una forma de intervención en el presente, atenta al contexto, a las disputas culturales en curso y a la construcción de comunidad lectora.

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