Periodismo de pulso firme

29 agosto 2026 23 minutos
Víctor Fleitas

La periodista y docente Alejandra Sánchez desarrolla el credo ético profesional que la anima. Lo hace mientras repasa buena parte de su vida. Tomar decisiones editoriales libres de intereses políticos o económicos, actuar como un contrapeso sólido frente al poder establecido y reaccionar con calma y rigor para contrarrestar la desinformación, son funciones sociales que le asigna al trabajo de comunicar.

Algunos trayectos son sólo una inexpresiva distancia a recorrer. Un escollo medido en metros o en cuadras. Un entrevero de marquesinas apáticas y frentes insípidos. Una especie de desierto de revoque y baldosas que vincula breves oasis. Una sucesión de eso a lo que no se le suele prestar atención.
No era este el caso. De hecho, pensó en cómo llegar hasta el blanco oval enlosado con el 632 pintado en azul al costado de la puerta de entrada y la memoria transeúnte activó un mapa sensorial que estaba en pausa. Cerca de la hora señalada, el día acordado, bordeó la peatonal con serenidad de fin de invierno y tomó por una hipotenusa de plaza. Esquivó al prócer y a palomas granaderas. De paso por una esquina con historia pensó en que los bancos finalmente lograron su propósito de vaciarse de personas reales para concentrarse en la gestión de sus cuentas, a prudente distancia de cualquier posibilidad de interacción humana.
Mientras se internaba en ese estuario urbano, se preguntó si alguno de los rostros con los que se cruzaba reconocería en él a aquel que años atrás, una vez a la semana, antes del trabajo en la redacción, hacía ese caminito de hormiga para organizar las clases o evaluar trabajos prácticos del taller que compartía con la dueña de casa, Alejandra Sánchez. La idea le sonó absurda. Y lo era. La abandonó.
En un cambio de escena, sintió que con la persistencia del goteo los productos importados desplazaron a los nacionales en el tradicional bazar de la ochava sureste. Mientras, los transeúntes que suelen sacar cálculos mentales ante la vidriera fueron encaneciéndose, encorvándose, arrastrando el paso, aceptando una vida de sacrificios mal remunerados para que sus hijos no deban empezar de cero, otra vez.
En esas céntricas edificaciones hay un moho que crece desde los cimientos y llega hasta donde la mirada no alcanza. Esa pátina se va formando desde pequeños puntos, imperceptibles. Un mes tras otro, terminan cubriendo las superficies. Es como una sombra a la que nos acostumbramos. Probablemente, el motor a explosión le haya respirado esa contaminación al muro. De aglutinante pudo haber operado el dolor, la angustia, la frustración que los ciclos hostiles de la historia dejaron impregnada también en la expresión facial y corporal de los peregrinos.
En horario de comercio, religiosamente, proletarios esperanzados en dar el salto, burgueses con miedo a desbarrancar, adinerados preocupados por los rendimientos financieros van y vienen por esta calle impar, sin notar que algo de ellos se desvanece a la ida o de regreso y se pega a la crónica de estas paredes inclementes. Así ha sido; así probablemente será.
No hay caso, recorrer ciertas arterias habilita un viaje en el tiempo. Trajo a colación, por ejemplo, que conoció a Alejandra Sánchez probablemente de tarde, en la casa de los Alfieri-Porqueres, en Los Vascos 875. No recuerda bien la circunstancia. Estaban en el estudio de Guillermo, a la derecha de la entrada principal, con ventanal que da a la vereda abierto de par en par. Llegó con su esposo, Víctor González. Ya eran nombres propios del periodismo local, más que promesas, jóvenes asentados, con presencia en los medios y esa popularidad que daba la pantalla televisiva, en una época en que el panorama audiovisual era mucho más circunscripto que el actual. Los dos llevaron consigo una algazara de palabras entre saludos y comentarios de ocasión. El escritorio con la máquina de escribir, la biblioteca interminable y un juego de sillones con mesa ratona pasaron a orbitar en torno a la animada conversación. Los recién llegados portaban una franca autoridad. El trato con el dueño de casa era cordial. No se trataba del primer encuentro entre ellos, sin dudas.


Luego, compartieron espacios laborales y proyectos, varias veces con Alfieri como líder propiciador. Una de las virtudes de Alejandra Sánchez es la de construir preguntas que vayan al hueso del asunto. Es algo que le brota espontáneamente. Con naturalidad. Como si nada. Se sabe que la formulación del interrogante preciso, medular, es una de las manifestaciones de que el oficio periodístico ha sido aprehendido. Ante ese interés por querer saber, no solía temblarle la voz si debía trasladar los interrogantes a alguien con poder, ya sea que el diálogo se produjera mediante llamado telefónico o frente a frente.
Para Sánchez, la palabra periodística es una herramienta para transmitir con mayor fidelidad una situación o un posicionamiento. Se puede intuir que, si le dieran a elegir, prefiere el camino directo de describir una problemática, sumar voces y analizar alternativas con vista a que se solucione. Para ella, esa es la función principal del lenguaje, al menos cuando se trata de abordar la conflictiva realidad: usar la palabra para entenderse.
Detrás de esa aparente simpleza, no está sola la decisión de prescindir del oropel. También se ve animada por conceptualizaciones de la que ella no hace gala, pese a ser una persona lectora, dedicada. Es una periodista de sólidas definiciones, que busca honrarlas desde el germen de los pequeños gestos.
Esa manera frontal, sin innecesarios ornamentos lexicales, de constituirse ante la comunicación social, transciende su desempeño profesional. En cierta época, cuando prologaba la charla con un “te lo digo bien”, había que agarrarse fuerte para evitar los sacudones sísmicos que estaban por sobrevenir.
Un detalle difícil de olvidar era la calidad de los tejidos con que la madre de Alejandra Sánchez le confeccionaba distintas indumentarias e implementos de abrigo. Ella presumía esas prendas. Sin exagerar, había un arte desplegado en la réplica infinita de los puntos, eslabonados a mano, a pulso, lo que le daba un valor por encima de la misión fundamental de protegerla del frío y del requisito elemental de que estén sujetos al talle.
Piensa ahora que sería interesante sacarle el tema durante la entrevista. En un haz de caminante sagacidad, creyó ver un paralelo entre la experticia textil de su madre y la manera en que Alejandra Sánchez ha ido escribiendo los episodios de su vida: por momentos, soltando la lana para lograr soltura y volumen; al rato, tensionándola para que el conjunto no pierda cohesión; en un contexto dominado por la búsqueda de una regularidad que no es sólo apariencia, porque la tensión uniforme de las puntadas es el factor más significativo para lograr un producto a la vez estético y funcional.
Camino a esa vivienda residencial, lo que permanece y aquello que fue reemplazado irá desafiando la capacidad de recuerdo del trabajador de prensa. Los puestos callejeros de verdura, los mamotretos de hormigón en el frente de instituciones judías, la maldición del primer piso invadido por cucarachitas y líquidos cloacales, la plaga de carteles “se alquila”, la casa antigua transformada en dúplex con cochera, la panadería redentora, la bicicletería y, en diagonal, la casa partidaria que nunca conoció abierta.
El periodista se recorre los años, le palpa las texturas al ayer. Mientras la pendiente del terreno le inclina el plano hacia el encuentro, viaja engullido por una bestia de tiempo.
La travesía ha concluido. Toca el timbre. Repasa mentalmente los ejes a abordar. Respira pausadamente. Siente la inspiración. Ahora, la expiración. Cuando la puerta se abra empezará otro capítulo. Una nueva temporada.

–¿Qué tan problemático fue cuando la hija mujer de la familia Sánchez anunció que se quería ir a estudiar a Paraná?
–La verdad no fue problemático. Yo terminaba el secundario en la ciudad de Sunchales en la provincia de Santa Fe, y una alternativa era estudiar Ciencias Políticas en Rosario, en la UNR. Un tiempo antes de tomar esta determinación, llegó la noticia a la familia de que, por razones de trabajo de mi papá, había en cuestión de meses una mudanza a la ciudad de Santa Fe. Si mal no recuerdo ese fue el disparador para buscar opciones a Rosario y llegamos a Paraná, a hacer las averiguaciones del caso.
Exclusivamente fuimos a la Facultad de Ciencias de la Educación, para averiguar por la carrera que entonces se llamaba Ciencias de la Información. El programa tenía materias por las que sentía inclinación. Me gustaba el periodismo, y en parte, las incumbencias de ese título referían a esa profesión.
Me inscribí. En la decisión hubo interés por las materias que conformaban esa propuesta académica y también, claramente un sentido práctico de cercanía con el lugar donde estaría radicada mi familia, lo que cubría o despejaba otra cantidad de variables que había que tener en cuenta.
Paraná era una ciudad que conocía como visitante. Era un lugar donde veníamos en familia a pasar un día, un domingo. Vivir en ella me acercó otra mirada, pero siempre muy amigable. Viví en Paraná el tiempo que se extendió el curso de ingreso, obligatorio, con examen. Cuando comenzaron las clases ya estaba instalada en Santa Fe y desde ahí viajaba todos los días en colectivo.
Era parte de un grupo grande de estudiantes que veníamos desde esa ciudad. Nos bajábamos en calle San Juan y Colón y desde ahí emprendíamos la marcha hacia Buenos Aires y, por entonces, Rivadavia. Acostumbrados al llano, llegábamos con la lengua afuera. Era un recorrido de mucha risa, anécdota, repaso para alguna clase, pero también de una protesta constante por lo empinado de la calle.

Esto y aquello
–¿Cómo era la facultad por entonces?
–En cuanto a lo edilicio, era mucho más chica, menos aulas. La casona antigua sobre Alameda de la Federación y el de la vereda de enfrente, pero con muchas menos aulas. Ingresé en el último año del proceso militar. A la planta alta de la casona, donde estaba el decano, no se accedía. Esa escalera de madera aparecía inquietante, misteriosa, los estudiantes no accedíamos.
En segundo año llegó con otro ritmo, estábamos en las puertas de la reinstauración de la democracia.
Cursábamos sobre todo en Rivadavia 106. El aula más grande, con mayor capacidad era donde actualmente están los estudios de audio. También ciertas clases, las que eran muy numerosas, se daban en la sala grande que está en el ingreso de la casona. Que también fue sala de profesores.
El curso de ingreso lo habíamos hecho en la Facultad de Ciencias Económicas.
Fue una época importante para nuestras vidas y para la historia del país porque con la reinstauración de la democracia, llegaron muchos cambios: las autoridades en principio, pero más adelante el co-gobierno, los concursos docentes con estudiantes en el jurado, el cambio de plan de estudios, la consolidación de agrupaciones universitarias, asambleas estudiantiles, la elección de los centros de estudiantes.
Con muchos compañeros y compañeras de cursado mantengo relación frecuente. Que se vincularon a medios o a la comunicación institucional, también a la docencia, Mariel Mercado, Georgina Trecco, Patricia Fassano, María Rosa Felquer, Estela “Estelita” Díaz de Vivar, Aurora Ruiu, Daniel Rópolo, Alfredo Pintos, Boby Artucio, Mari Castrogiovanni, Daniel Hechim, Rodolfo Marín. Victor González, claro. Erámos más…Estos son algunos nombres de los que empezamos juntos el cursado que quizá se conozcan más públicamente. Pido disculpas por las omisiones, son involuntarias…

–¿Dónde viviste en Paraná?
–En Paraná, como te decía, viví solo durante el curso de ingreso -febrero, quizá algo de marzo-. Era muy común alojarse en el pensionado Santa María -ahora es una parte de la UCA- pero no fue mi elección. Yo me ubiqué en una casa grande, que alquilaba habitaciones y tenía espacios comunes: cocina y sala de estudio, sobre calle La Paz, entre Corrientes y San Juan. Ahí compartía habitaciones con otra ingresante a Ciencias de la Información que era de Laguna Paiva y otra chica que se había inscripto en Educación, de Esperanza. Con Emilce y Marina compartíamos las jornadas de estudio.
Empecé a cursar la carrera y empezaron los viajes diarios desde Santa Fe. En la Facultad estaban los de Paraná (grupo en el que me parece, también se incluía a los de otras ciudades de la provincia) y los de Santa Fe. Obviamente, que compartíamos y nos relacionábamos. Esa identificación no implicaba rivalidad, para nada.
Los viajes en las dos empresas que actualmente existen, con coches viejos, especialmente una, eran toda una aventura y un momento de diversión. Los estudiantes ocupábamos buena parte de la unidad. En determinados horarios, el colectivo explotaba.
Vamos a aclarar que, promediando mi época universitaria, me radiqué en Paraná. Hace, si mal no calculo, 37 años que vivo acá.

–¿Cuál fue tu primer trabajo?
–Lo primero que hice, mi debut periodístico podría decir, fue en radio, en Radio Nacional de Santa Fe. Me cuesta precisar el año. Puede haber sido 1984. Era estudiante y con un compañero de la Facultad, Alberto Trossero, hicimos un programa que llamamos Los fenómenos y la gente, los domingos de 22 a 24. No podría darte certeza de la audiencia, misterio. No cobrábamos, obviamente, pero le poníamos toda la pila. Proponíamos un tema y varias miradas. Hacíamos entrevistas, encuestas. Después editábamos con la doble casetera, tratando de que no se notaran los cortes, usando la tecla de la pausa, increíble. Me río del recuerdo. Y la música, muy cuidada. Era parte de la propuesta.
Mi primer trabajo, remunerado, fue en Canal 9 TVER. El entonces gobernador Sergio Montiel a instancias de Manuel Arrias, entonces director de Prensa de la Gobernación decide poner al aire un canal del Estado provincial aprovechando la red de antenas que había en la provincia. Quien fue designado jefe de Noticias, Alfredo Pintos, me conocía por la Facultad y me convocaron. Hice una prueba de lectura de noticias en cámara y entrevistas en la calle acompañada por un camarógrafo y quedé.
Me parece importante señalar que nuestra carrera universitaria, Plan 83, no tenía asignaturas prácticas, talleres. Te diría que una asignatura que se repetía tres años era Redacción Periodística con distinto contenido y esa fue una herramienta muy importante para el desempeño profesional. Pero no teníamos una práctica que nos ubicara en un estudio de radio o de televisión o saliendo a la calle a hacer entrevistas. Entonces empezar a trabajar fue al mismo tiempo, rápidamente, autoformarse en ese aspecto. Y obviamente, familiarizarse con nombres de localidades entrerrianas, autoridades, interesarme por aspectos históricos, políticos, propios de la provincia. Para entonces yo seguía radicada en Santa Fe y seguía siendo estudiante. O sea, tuve la gran suerte de empezar a trabajar cuando aun no me había recibido en aquello que por supuesto, me gustaba mucho.
FM Litoral fue otro medio en el que trabajé desde su mismo inicio. Empezó con un gran departamento informativo, con dos periodistas en cada uno de los tres turnos que cubrían todo el día, teletipo, móvil. Para entonces, ya había terminado de cursar y rendido todas las materias. Adeudaba la tesis para dar por concluida la Licenciatura. Podrá ser opinable pero la disputa era con LT 14, la emisora de AM, y te diría que el posicionamiento de la emisora de FM fue increíble. Yo hice mucho móvil, me encantaba reflejar lo que pasaba en la ciudad, las vecinales, el ciudadano de a pie. Por supuesto que también estábamos en las actividades de gobierno, de muchas instituciones no gubernamentales. Por aquellos años pasaron cosas de mucho impacto periodístico en la ciudad y la radio hacía coberturas importantes.
En esa emisora también hice un programa periodístico, los domingos a la mañana, de dos horas, “Claro como el agua”. Incluía una columna política a cargo de Juan Domingo Zacarías, fundador del Movimiento Social Entrerriano, pero por aquellos años dirigente del Partido Justicialista. La audiencia de los domingos es hermosa, el ritmo, la agenda de un programa de domingo, me encantaba. Pero, claro, el día de descanso para muchos, yo sumaba esa responsabilidad. Y otro dato, completaba esa mañana dominguera con la locución de un panorama informativo en LT 14. Terminaba en una emisora y me iba a la otra. Era un espacio producido, yo tomaba el guion y leía junto con Javier Acosta. Era media hora y dentro de ese lapso, unos minutos estaban a cargo del arzobispo de Paraná, Monseñor Karlic, que venía a estudio a compartir su mensaje. No estaba grabado. Parece que estoy contando una maratón de domingo que finalizaba a las 13.
En el Canal trabajé hasta 1987 cuando pasé a la Dirección de Prensa de la provincia. Todo estaba dentro del ámbito estatal. Acá la tarea era otra, redactar información oficial, de gobierno, cubrir alguna audiencia. Y en el 92 dejé este trabajo, y me fui a EL DIARIO. Tres meses con un contrato, a prueba, y ahí permanecí casi tres décadas. Me fui porque la década ganada terminó con ese medio. Trabajar en EL DIARIO era muy importante. EL DIARIO era importante, marcaba agenda; a través de sus muchas secciones la población, sus organizaciones, el gobierno tenían la expectativa de que sus decisiones, acciones estuvieran reflejadas en sus páginas.
Un antecedente en la prensa escrita había sido mi paso por El Observador de la ciudad de Crespo. Fui corresponsal de Paraná. Creo que puede sonar increíble o mover a risa cómo trabajaba. No me parece que haga tanto, por supuesto que hablo de décadas, pero conmueve lo que los cambios en la tecnología han posibilitado. Imaginate que El Observador, un semanario, se distribuía los viernes. Mi cierre era el martes, o sea yo el martes en un colectivo, debía enviar las notas escritas a máquina que allá editaban e incorporaban a la edición que se iba a leer el día viernes. Lo más difícil era elegir los temas sobre los cuales escribir porque por supuesto, no podía haber anuncios de lo que ocurriría miércoles o jueves. El tema tenía que tener vigencia al momento de ser leído tres días después de que yo lo hubiera escrito.
Mi responsabilidad se completaba los viernes cuando tenía que distribuir los ejemplares en los kioscos de la Peatonal y retirar los que no se habían vendido del viernes anterior. Esa parte no me gustaba. Ya ni los kioscos quedan. Me estás haciendo sentir la compañera de Barney, el dinosaurio…

Claves

–¿Hay requisitos para ser un periodista en papel, web, de radio o TV?
–Me parece que el requisito fundamental es que te guste, que quieras hacerlo. Pienso que hay que tener y mantener viva la curiosidad, tener conocimiento, manejo para abordar los temas en general y claro, se requiere saber sobre las particularidades que tiene cada medio y las habilidades que se requieren para un buen desempeño. No me parece que pueda decirse que uno es más fácil que otro. En la medida que lo queres hacer bien, todo tienen sus exigencias.
ES importante concebir bien un pensamiento para poder escribirlo y a partir de ahí, difundirlo, compartirlo.
Por supuesto que el paso por la Universidad no es un detalle menor.

–¿Qué importancia tiene la labor del periodista legislativo?
–En EL DIARIO me dedicaba a la Legislatura, a ambas cámaras, en épocas en que había secciones bien específicas en la Redacción. No siempre fue así.
Pero volviendo a la Legislatura, era el Poder que salvo casos excepcionales no generaban demasiado interés en la ciudadanía -tengo mis dudas si esto varió- aunque allí se tomaban y se toman decisiones que en algún momento tienen que ver con nuestra vida.
La Legislatura parecía estar fuera del radar. De hecho, te diría que de los tres poderes fue el último que organizó la parte comunicacional. Informaban algo los bloques, algún legislador, por supuesto las sesiones eran públicas. Creo que en algún período, mantener un perfil bajo pudo haber sido parte de una estrategia. Sin generalizar.
Y cubrir la Legislatura era estar atento a los proyectos que ingresaban, entender de qué trataban lo que implicaba generalmente, investigar e informar sobre otras cuestiones que venían a resolver, a dar respuesta, a corregir, etc. Por lo tanto, la mirada se ampliaba más allá del texto, de los artículos. Y pensaba y sigo pensando que eso no podía quedar reservado al recinto legislativo. Por otra parte, había que conocer lo reglamentario para entender las etapas en el tratamiento, en el recinto, en las comisiones. Los tiempos, los plazos, pueden obedecer a cuestiones reglamentarias, pero también a decisiones políticas. Otro aspecto generador de noticias
Y cubrir las sesiones también me resultaba interesante. Siempre me gustó el debate legislativo. Condicionado por el perfil de los legisladores algunas veces más interesante que otras. Lo mío era la crónica con textuales de senadores y diputados con la pretensión de generar la imagen, de trasmitir el clima, las tensiones, que el lector pudiera hacerse la idea de las distintas instancias del debate. Me gustaba, me parecía útil.
En la Legislatura siempre había y hay tema para la agenda periodística de interés para la comunidad.

–En Uader formaste parte de equipos de comunicación institucional, ¿qué balance hacés de esa parte de tu trayectoria? ¿Qué aprendiste a hacer?
–Nuestra formación universitaria no contemplaba comunicación institucional.
Cuando me incorporé a la Facultad de Ciencias de la Gestión ocurría que era mucha la actividad y la comunicación institucional trataba de reflejarla, pero había una dificultad para que los medios lo replicaran y finalmente ese quehacer fuera conocido por público ajeno, externo a la institución. Logramos salvar esa dificultad y mi trabajo continuó por años, décadas. Lo mío, a esta altura, todo se cuenta por décadas, ¡qué le vamos a hacer!
Cuando ingresé, la Facultad tenía una página web solo con información de las actividades (las noticias) y la Gazeta Universitaria, un boletín impreso de pocas páginas. Esto ya estaba iniciado y tuvo continuidad.
La Facultad actualmente tiene una web institucional completa, toda la Facultad ahí, accesible; canales de whatsapp, canal de youtube, Instagram, Facebook y seguirá sumando.
Para mí, todo eso fue un aprendizaje respecto de las tecnologías, de los mejores usos según objetivos, destinatarios. Pero en todo eso, subyace y me parece fundamental, elaborar el mensaje, decidir qué queres comunicar, concebir la idea, plasmarla en un texto. Después vendrán todas las adaptaciones, los ajustes según el canal, pero hay una base estructural que considero imprescindible y que no cambia para el comunicador.
La materia es específica así que complementé mi primera Licenciatura, con otra. La Licenciatura en Gestión y Administración Universitaria, una carrera que, en este caso, ofreció la UADER para el personal que cumple funciones en esa institución.
Articular con distintas áreas, participar en equipos de trabajo con integrantes de distinta formación; con otras facultades, con la universidad, tener siempre presentes los intereses de la comunidad universitaria y de públicos externos. En fin, también fue una experiencia interesante. Fue un trabajo distinto al de una Redacción, pero te diría que todo se retroalimenta y enriquece.
Sin dudas, otro trabajo que disfruté.

–¿En qué sentís que te ha enriquecido el desempeño en distintas áreas de la comunicación?
–Me enriquecieron las distintas áreas y el paso del tiempo que trajo muchísimos cambios a los que hubo que adaptarse, aprendiendo.
En los distintos escenarios laborales siento que siempre fui igual, pero las adaptaciones y ajustes fueron permanentes.
Hace rato mencioné la curiosidad, te diría que mantengo totalmente la avidez por saber, por entender, por indagar.

Grupos

–Trabajaste muchos años junto a Guillermo Alfieri, ¿qué sentís que te enseñó o fortaleció en vos como periodista, como persona, en la gestión de equipos o como compañero de trabajo? ¿Qué recuerdos te quedan de él?
–De Guillermo, obviamente, tengo buenos recuerdos. Decis compañero de trabajo. Te confieso que cuando ingresé a EL DIARIO me hubiera gustado que fuera jefe, que me diera alguna orden, que me corrigiera; pero no, fue compañero de trabajo, claramente con una formación y una experiencia que generaba en mí, mucho respeto y admiración cómo no decirlo. Yo creo que tenía la intención de hacerte sentir bien, en un pie de igualdad, no marcaba superioridad, aunque yo la tenía clara. Era reflexivo, profundo, su lectura de la realidad valía la pena conocerla.
Me parece que decir que era generoso es justo. Compartía saberes, las anécdotas que tenía en otros tiempos, otras experiencias laborales, siempre valían la pena. A veces llegaban a la Redacción, dirigentes políticos destacados -por su función, el rol que tenían, su cercanía al poder- a hacer una entrevista o a conversar con Guillermo, a acercar información sobre algún hecho, algún proyecto, lo que por supuesto desataba una prolongada charla en la que muchas veces fui parte, porque Guillermo me incluía, me incorporaba. Estoy hablando de mis primeros tiempos en EL DIARIO.
Sabes que si algo añoro es la redacción, ese espacio para traer una idea, algo que estaba pasando, que alguno la contradijera, la enriqueciera, pensar en equipo cómo tratar el tema, con qué entrevistado, dónde rastrear información. Un buen clima de charla que siempre era aprendizaje. Y si Guillermo estaba para participar, mejor aún.
Para reaccionar frente a alguna cuestión estrictamente laboral inconveniente, injusta, también se podía contar con Guillermo.
Con Guillermo tuvimos la posibilidad de afianzar una relación personal que excedía lo periodístico, donde había encuentros, mate o asado. Hicimos un programa periodístico radial primero y luego televisivo, en el que también participaste: Honrar la Vida. En algún momento radial y televisivo. Por este motivo, el encuentro era casi permanente. Al programa diario de radio seguía una mesa de café en el que empezábamos a producir el siguiente, así que del periodismo y de la vida, conversamos mucho.

–¿Le das importancia al hecho de que seas una de las mujeres periodistas pioneras en los medios de Paraná, tomando como referencia el reinicio de la democracia? ¿O lo vivís como un dato anecdótico?
–Si lo pienso lo hago más en relación a mi persona. O sea, nunca me definiría como pionera, pero en lo personal me reconforta haber vivido esa época, tan activa políticamente hablando, con mucha actividad periodística, cosas importantes que se resolvían, se recomponían después de lo que había sido el Proceso. Tanto entusiasmo. Era el país y mi juventud. Lo tomo como una oportunidad personal, algo muy importante para mí.

A título personal

–Aprovechando tu cercanía, ¿cómo es Alejandra Sánchez en el día a día? ¿se deja cuidar? ¿Tiene tiempo para ella?
–Intensa, te diría mi entorno. Tengo muchas horas menos de trabajo. Solo estoy participando en el programa Amanece que no es poco en radio Plaza y luego tengo todo el día para mí y para los demás, por supuesto. Desde que empecé a trabajar tuve siempre rutinas muy cargadas de actividades y horarios. El pluriempleo fue una constante. Ahora todo transcurre con más tranquilidad y lo disfruto, pero no me llevo bien con hacer nada, no es lo mío.

–¿A qué mujeres periodistas de la región, del país o del mundo te gustaba ver cómo trabajaban y por qué?
–Te voy a contestar con mujeres periodistas del presente que me gusta escuchar, que me gusta lo que hacen: Cata De Elía, Luciana Vázquez y María O´Donnell. La agenda que plantean, el modo de abordar los temas, la profundidad de sus análisis, la amplitud de sus análisis, los formatos de sus propuestas periodísticas. Les encuentro cualidades profesionales y personales. Personalmente no conozco a ninguna, aclaro.

–¿Qué sentís que te dio la universidad pública como estudiante y como docente? ¿Cómo eras como estudiante y docente?
–En la Universidad pública me formé, obtuve el título de Licenciada y fui docente en uno de los talleres de la carrera de Comunicación, Audio. En la cursada prioricé la carrera así que cursé tantos años como lo que establecía el plan de estudios. Para la tesis me tomé más tiempo, porque ya estaba trabajando, luego hijos, familia… y tantas responsabilidades, se complicó un poco, pero me gradué. Haber sido una estudiante dedicada no implicó que no tuviera tiempo también para participar en las agrupaciones estudiantiles, en el centro de estudiantes, experiencias absolutamente compatibles.
Como docente habría que saber qué piensan los estudiantes. Yo le ponía mucha energía. Sentía que tenía mucho para compartir a partir del ejercicio de la profesión. Inscribirse en el taller de Audio, era tentador en algunos casos porque, creo, que puede haber un prejuicio acerca de que hacer radio es fácil, te sentas frente a un micrófono y zaraza. Y, no. En principio no es así. Hay que pensar, investigar, escribir, editar…
A propósito de universidad pública, hay estudiantes que hacen mucho esfuerzo para estudiar, sobre todo los que trabajan al mismo tiempo. Casualidad o no, tuve estudiantes con trabajos precarios, horarios rotativos, más responsabilidades que buena remuneración. En general trabajos que no tenían relación con la carrera. Hay estudiantes para los que permanecer en la Universidad es un gran esfuerzo propio y de la familia. Me parece tan valorable…

Hilar fino

–¿Volverías a ser periodista si tuvieras la chance de rehacer tu vida desde cero?
–Si, claro. Yo hago un buen balance, quizá hay cosas que pudieron haber sido distintas, pero todo es fruto de decisiones en un determinado momento, en determinadas circunstancias. Me llevo bien con lo hecho.
Me parece que el ejercicio periodístico puede ser muy movilizante para uno, pero sobre todo para la comunidad: lograr movilizar, inquietar, interesar sobre lo que acontece. Es bastante decepcionante en estos tiempos, cuando no pocas consultoras arrojan de sus relevamientos que la gente prefiere no informarse, que está agobiada, agotada incluso, con lo que le ofrecen, ofrecemos, en los medios.
El ecosistema de medios abrió un espectro enorme y está el gran debate si las personas no se informan o lo hacen de otro modo. Por otra parte, creo que hay una abundancia de opinadores que aspiran más a bajar línea que a tratar, con rigurosidad en los datos, de describir una realidad para que cada uno pueda contar con elementos suficientes para armarse su opinión. Obviamente también hace a la actividad periodística la opinión, pero me parece que está exacerbada la pretensión periodística de bajar línea permanentemente en lo que, de paso, creo que subyace una subestimación del público.

–¿Ha habido cambios en la forma en que se percibe el trabajo periodístico?
–Cuando empecé a trabajar, el periodismo era una ‘función respetada’, con el paso del tiempo pasó a ser una ‘profesión respetada’. O sea, hubo un avance de la profesionalización.
El periodista buscaba información y accedía a las fuentes directas con cierta facilidad y la fuente buscaba al periodista con el propósito que se difundiera aquello que tenía para compartir.
En una sociedad que se fue complejizando y muchas instituciones fueron perdiendo prestigio, el periodismo no quedó al margen. Acá lo que está herida es la credibilidad y con ello vino el desprestigio.
A veces por propia decisión, a veces por dificultades para mantener un medio de comunicación o un espacio periodístico, la línea editorial se volvió muy vulnerable o permeable a intereses concretos sectoriales. Siempre ha habido medios con línea editorial definida, alineada con un partido o con una posición política, lo cual transparentado no me parece cuestionable. Pero la ciudadanía tenía la idea de medios comprometidos con valores superiores, la democracia, la libertad de expresión, la verdad.
Siento que, con el tiempo, bajo el paraguas del periodismo quedaron resguardadas actividades que, a lo mejor, no lo sean.
Hay una transformación importante del periodismo. En el marco de la complejización, el mundo de las redes sociales permite prescindir del periodista. Más seguro, se comunica lo que se quiere, cómo y cuándo se quiere. Antes la aceptación de una persona a ser entrevistada, era prácticamente inmediata, hoy a veces parece un favor que deciden hacer o no. El público accede a esas redes y para muchos conocer eso que ofrecen los equipos de prensa, alcanza.
Yo respeto el trabajo de los encargados, los equipos de prensa, de comunicación, pero en muchos casos son más un filtro, una valla a vencer que un facilitador del contacto con la fuente. No generalizo, pero el rol que cumple también aporta a que haya una homogeneización de la información, de algún modo se estandariza.
Cuando como periodista detectas un problema, una inquietud, una necesidad y la trasladas para contactar al funcionario, por ejemplo, una respuesta posible, para mi gusto muy frecuente, es ‘ya vamos a comunicar sobre ese tema’. Puede ser que efectivamente eso ocurra, pero suele ser a través de un comunicado con lo que sobre el asunto se quiere dar a conocer.
El interés de indagar del periodista, de buscar información queda totalmente desestimado. Esa es una práctica que se ha ido afianzando y afecta la labor periodística como la entendíamos. Pareciera priorizarse la protección de la imagen institucional por sobre la transparencia informativa. Así se fue modificando ese vínculo entre las fuentes, el periodismo y las audiencias, los públicos.

–Son formas que se van naturalizando…
–Estoy pensando en los poderes del Estado, en instituciones de la sociedad civil importantes: cuando esa oficina de prensa o agente impone tiempos, decide cómo va a informar, desestima el valor del trabajo periodístico, la posibilidad de preguntar, repreguntar, investigar. Esto es parte de ese cambio que se ha dado. Por supuesto que el periodista pondrá en juego su capacidad para ver cómo puede conseguir ese dato que necesita.
Francamente, no sé si es factible que se reposicione el periodismo, que alguna vez vuelva a tener ese lugar que la sociedad le daba, sobre todo en términos de credibilidad.
Me haces la pregunta y me surgen estos comentarios, que no son una generalización, no pierdo de vista que hay diferencias entre todo lo que llamamos periodismo y confío que el público las advierte a pesar de que se reitera mucho la agenda y los interlocutores. Tampoco estoy para calificar a nadie. Trato de hacer mi trabajo de la mejor forma y como público tengo mis propios juicios.

–¿Qué del periodismo te gustaría que sobreviva, en medio de la cultura digital?
–Me parece que la cultura digital puede potenciar el periodismo. Todas las herramientas que existen pueden usarse y de hecho en muchos casos se hace, para contextualizar, profundizar, vincular temas, etc.
No habría que asociarlo a superficialidad, a liviandad, a rapidez, a replicar sin más. Hay que pensar que el contacto con la fuente puede aportar mayor grado de certeza; hay que procurar abonar la variedad temática y la originalidad en el abordaje de los temas.
La búsqueda de la precisión, la responsabilidad ética, el deseo de investigar, el contacto con las fuentes, corroborarlas, entre otras cuestiones, deben perdurar.

Decisiones

–¿El proyecto profesional y la decisión de formar una familia entraron en colisión o encontraste la fórmula para que convivan?
–No, nunca colisionaron, no fue sencillo y es probable que en ambos haya resignado algo, pero creo que ahí estuvo la posibilidad de lograr que convivan y promediando el recorrido, estoy bastante satisfecha con los resultados.

–¿Qué desafíos implica estar casada con un periodista con quien ahora además hacen un programa de radio juntos? ¿Cómo lidian con el hecho de que ambos sean cabeza de equipo en cualquier equipo?
–Creo que fue una ventaja. Siempre dedicamos muchas horas al trabajo, los fines de semana incluso y fue sencillo que comprendiéramos mutuamente las exigencias que teníamos. Además, tanto Víctor como yo sentimos pasión por lo que elegimos.
Promediando el recorrido profesional, encontrarnos haciendo un programa juntos da cuenta de cierto equilibrio que fuimos logrando y por lo cual lo que en otras etapas de nuestras vidas pudo haber sido conflictivo, hoy es complementario. En el programa concretamente, uno siente más gusto por conducir el equipo, distribuir la palabra y otro por hacer ciertos aportes puntuales, así que hasta ahora todo marcha bien.

–¿Cómo describirías el programa que hacen? ¿Qué sentís que tiene como valor y qué te gustaría agregarle, si se pudiera?
–Es un programa informativo, de actualidad, con algo de opinión. Pensamos que el horario exige cierta agilidad y condiciona el tratamiento de los temas. Arrancamos a las 6, la gente está empezando la jornada. Y de algún modo creo que va in crescendo porque las entrevistas, intencionalmente -siempre que se puede- reservadas para la segunda hora, aportan otro tratamiento de la información, directamente con la voz de los actores que están involucrados, y con más tiempo. Estamos muy atentos al seguimiento de los temas, a no abandonarlos, a no dedicarnos exclusivamente cuando todos se dedican y cuando están en la cresta de la ola. Cada tanto volver para saber cómo se resolvió una cuestión o qué pasó con tal o cual cosa, nos parece importante. Además, muchos asuntos guardan conexión entre sí. No sé si lo logramos, pero tratamos de tener presente y compartir esa mirada.
Obviamente autoridades de gobierno, funcionarios están entre los entrevistados, pero la agenda aspira a ser mucho más amplia. Las voces de la sociedad son muchas.

–¿Dónde te has sentido más cómoda y qué ha sido más desafiante, trabajar en prensa escrita, radio, TV o comunicación institucional?
–Disfruto mucho hacer radio. Siempre fue así. Me complican un poco los tiempos porque siempre me parece que tengo algo más para decir o para preguntar y el ritmo hace que tenga que sacrificar esa idea, pero lo asumo como un problema mío.
Tomando en cuenta los trabajos realizados, creo que la prensa escrita es el más desafiante. La palabra es el único recurso que se tiene para que el otro entienda lo que estas comunicando, podes sumar una imagen, fotografía, gráfico. Por supuesto que todo depende del formato de la propuesta periodística en el medio en el que estás, pero cuando escribis, debes necesariamente entender el asunto sobre el que estás informando. Parece una obviedad, pero por el vértigo con el que se trabaja, quizá por la diversidad de asuntos que contiene la agenda para una sola persona, tengo la impresión que a veces, se hace una entrevista con tres o cuatro preguntas sin terminar de entender de qué se trata. Si te tenes que poner a escribir una nota, eso es impensable, imposible.

Del interior

–Vos que la conocés más, ¿tiene sueños incumplidos Alejandra Sánchez, de esos que son realizables?
–Puedo tener pequeños proyectos, todos posiblemente realizables y en definitiva, los que animan la vida. Si alguien tiene un sueño para mí lo puedo escuchar…

–¿Qué imagen te acompaña de tus padres?
–Las mejores. En el caso de mi papá que era bancario – ya fallecido-, calmo, reflexivo, compañero/compinche. Afecto al tango, informado, de pocas palabras y generador de grandes afectos, muy respetuoso y respetado. Mi mamá, con 87 años está muy bien. Docente jubilada, hiperactiva, comunicativa, sociable.
Ambos muy responsables con sus trabajos y también en determinadas etapas de sus vidas muy dispuestos a participar en organizaciones de la sociedad. Siempre acompañando tanto a mí como a mi hermano.


–¿Qué cualidades de ellos, de tu papá y tu mamá, creés que podrían ser significativas para tus hijos?
–Mis padres han estado muy presentes a lo largo de la crianza de mis hijos. Han podido percibir por sus edades, las virtudes de sus abuelos y algún defecto seguramente también. En los varones, es notable la calma, la serenidad que tienen frente a lo que pueden tener que resolver lo que me parece que es una ventaja.


–¿Qué marcas creés que han dejado en vos tus padres?
–He sido siempre muy responsable con lo que hago. Abnegada, no bajo los brazos fácilmente. El acompañamiento permanente que tuve, aun cuando pudieron no estar muy de acuerdo con algo, fortaleció mi autoestima.
También la rectitud en el sentido de no tomar atajos controvertidos en pos de objetivos personales profesionales.

Te recomendamos…

La sabia experiencia

La sabia experiencia

Las vivencias constituyen un bien universalmente repartido. No obstante, el pasado en sí no tiene por qué dejarnos enseñanzas. De hecho, hay personas que sacan lecciones incluso de lo mínimo y otras a las que ni lo fuera de serie les deja una moraleja.Sólo si se...

Noticias de un ayer actual

Noticias de un ayer actual

Una serie de impresiones y anécdotas que pertenecían al patrimonio personal de quienes formaron parte del grupo La ventana han sido transformados en ejercicio de memoria colectiva. El libro lleva el nombre de la agrupación cultural y se enfoca en una Paraná que fue...

La señora curiosidad

La señora curiosidad

La profesora Griselda De Paoli es reconocida como docente y como investigadora de la historia regional. Pero sus búsquedas abarcan otras áreas de la cultura. Las artes visuales es uno de esos campos que sale a recorrer con candorosa dedicación, pero no el único: es...