Si la idea fue transformar la Sala Mayo en una zona de interacción entre vecinos sensibles hacia las expresiones plásticas de calidad y artistas locales calificados, la Feria de Arte Paraná ha cumplido su objetivo. A las postales de personas recorriendo la muestra de modo tradicional se sumó la organización de talleres, conversatorios, recorridos guiados y performances. El entorno espacial, muy cuidado, permitió un disfrute contemplativo e inspiró cierta educación de la mirada. Los gestos de los curiosos visitantes variaban: dedos pulgar e índice sobre el mentón, ceños fruncidos como de quien aguza la vista o cabezas levemente inclinadas para interpretar desde otro ángulo lo que se tiene enfrente, en un microclima bañado por la luminosa calidez del otoño.












