Un recetario digital es sólo la cúspide de una experiencia piramidal que puso a conversar las historias de vida de adultos mayores de la ciudad de Concordia. Motorizada por la Facultad de Ciencias de la Alimentación de la UNER, el hecho de compartir ingredientes, fórmulas y métodos familiares fue tornándose una bola de nieve existencial, emotiva, que al mismo tiempo y en otro plano se proyecta como un puente intergeneracional.
Qué misterio se esconde en una experiencia tan elemental y tan olvidada como escuchar lo que los otros tienen para decir. Oír lo que se nos dice, sin apuros, sin creer que estamos perdiendo el tiempo, convencidos de que algo de quien está comunicándose puede completarnos, volvernos más humanos.
La reflexión se vuelve inquietante en una época como la nuestra en la que prestamos atención a lo que los demás expresan sólo para saber qué contestarles, no para asomarnos a sus puntos de vista ni ponernos en sus zapatos. Tal vez sea esa la manifestación de la crisis de este momento: querer tener razón siempre, imponernos sobre quien está enfrente, no valorarlo sino como un catalizador de aquello que ya pensábamos desde antes.
Una facultad de la UNER decidió ir contra la corriente y, con la excusa de compilar recetas familiares, puso a mover los mecanismos de la memoria vital de adultos mayores. Con las proporciones, los ingredientes y las técnicas llegaron historias, situaciones inolvidables, afectos imborrables. Así, la fría escritura se volvió hogar compartido que cobijó a otros.
La acción de Extensión se llama Sabores de la Vida e incluyó el recetario y la organización de una feria. La dinámica permitió que cada persona se convierta en protagonista de su propio saber culinario. Y desde ese mutuo convencimiento los intercambios ganaron en intensidad y, con ello, la experiencia humana se enriqueció.
Sobre el proceso, Tekoha entrevistó a tres integrantes del equipo: Natalia Pérez Morier, Nadia Krunfli y Fabricio Raviol.
–¿Cómo surgió la acción de extensión?
–Sabores de la Vida se gestó a mediados de 2025 como una Acción de Extensión Universitaria. Esta iniciativa de la Facultad de Ciencias de la Alimentación, impulsada por un equipo interdisciplinario (docentes, no docentes y estudiantes) nació como respuesta directa a la demanda de propuestas específicas para adultos mayores, canalizada a través de la Secretaría de Extensión Universitaria.
La propuesta se diseñó mediante un proceso colaborativo y participativo, resultado del diálogo con referentes claves de la comunidad local. Entre los colaboradores se encontraron representantes de diversos centros de jubilados, un centro comunitario y el área de Políticas de la Tercera Edad de la ciudad de Concordia, dependiente de la Subsecretaría de Desarrollo y Emprendedurismo Municipal.

–¿Qué objetivos se plantearon?
–Eran varios. Promover espacios para el bienestar de las personas mayores mediante la alimentación saludable; desarrollar actividades que contribuyan a la participación de los adultos mayores en nuevas prácticas inclusivas tendientes a mejorar su calidad de vida; generar espacios de construcción de aprendizajes que permitan la reflexión y la valoración de las personas mayores; y fomentar la interacción entre la comunidad académica y los adultos mayores, favoreciendo el intercambio de saberes.
–¿Desde qué perspectiva de la alimentación fue elaborada?
–La iniciativa se abordó desde una perspectiva integral, enfocada en la alimentación saludable, la revalorización de recetas tradicionales y el intercambio de saberes culinarios intergeneracionales contribuyendo así al bienestar emocional y social de nuestros adultos mayores.
Compartir alimentos es fundamental, es un acto social, y los platos tradicionales son parte de nuestra identidad cultural.
Centrados en el bienestar de los adultos mayores, la Universidad Nacional de Entre Ríos, a través de su Facultad de Ciencias de la Alimentación, impulsó esta propuesta Sabores de la Vida.
De este modo, las personas mayores, se convirtieron en protagonistas y transmisoras de saberes, por medio de recetas en distintos formatos, que fueron compiladas en un recetario. Estas actividades les permitieron ejercer un rol activo en la comunidad.
–¿Por qué creen que la universidad debe estar involucrada en estas problemáticas?
–Destacamos la trascendencia de este tipo de experiencias, que no solo revalorizan la vida de los adultos mayores, sino que también aportan aprendizajes significativos a la comunidad universitaria.
La sinergía intergeneracional fortalece el tejido social y ofrece a los estudiantes herramientas prácticas y aplicadas, como pilares fundamentales para una educación integral, responsable y comprometida.
Esta iniciativa se alinea plenamente con las estrategias de aprendizaje colaborativo y construcción conjunta de conocimiento. Desde esta perspectiva institucional, se busca cumplir con los objetivos, impulsando el empoderamiento de los saberes colectivos propios de la comunidad.
En detalle
–¿En qué consistió el proyecto como tal?
–La acción constó de dos partes fundamentales: el intercambio de recetas y la feria Sabores de la Vida.
–Arranquemos con la etapa del intercambio de recetas…
–En el marco de esta acción, se llevaron a cabo los primeros encuentros en cuatro centros de jubilados (Ciudad Satélite de la Bianca, Villa Zorraquín, Bicentenario y Plaza Sol) y un centro comunitario (Centro Municipal Pancho Ramírez). La propuesta central consistió en compartir distintas recetas con la consigna de que el plato evoque un momento significativo de su vida, que sea un intercambio de recetas con historia.
Los encuentros implicaron más que un simple intercambio culinario. Cada momento supuso un ejercicio de memoria colectiva y narrativa. Los participantes no solo escribieron una receta, sino que también compartieron la historia personal vinculada, generando un espacio de diálogo emotivo y reflexivo.
En el corazón del diálogo con los adultos mayores, cada receta se convirtió en un espacio sagrado donde la risa y las lágrimas se gestaban al unísono, pintando el lienzo de sus recuerdos. Las anécdotas fluían con sabor a pueblo: abuelos labrando la tierra y cosechando la huerta; madres consagradas en su quehacer; niños y niñas jugando a la espera de esos platos que, con aromas tan especiales y sabores tan deliciosos, marcaban el pulso de la vida misma.
El material producido durante el intercambio se compiló en un recetario.


–¿Esa experiencia fue gestando la Feria de Sabores de la Vida?
–Claro. A medida que se desarrollaban los primeros encuentros, y compartían la hoja de ruta propuesta, los adultos mayores protagonistas de la acción, nos manifestaron su deseo de elaborar y degustar los platos surgidos del intercambio de recetas.
Tomando en cuenta sus voces y para responder a sus intereses, nos pareció importante adecuar las actividades. Por ello, se propuso la realización de un encuentro final que lograra reunir todas las manifestaciones y propuestas surgidas. Este encuentro de cierre se denominó Feria de Sabores de la Vida.
–¿Qué incluyó?
–Por un lado, una feria de platos en la que los adultos mayores compartieron sus recetas y la comunidad pudo degustar de cada creación. La institución proveyó previamente los insumos necesarios a cada participante, a través de los referentes de cada centro.
También hubo un rincón para la cocina en vivo. Los asistentes a la jornada disfrutaron de una demostración presencial a cargo de docentes y estudiantes de la carrera de Tecnicatura Universitaria de Gestión Gastronómica, perteneciente a la Facultad de Ciencias de la Alimentación. Se ofreció un recorrido sensorial enfocado en la revalorización de la cocina familiar, y reforzando el vínculo entre el aprendizaje académico, la tradición y la identidad local.
La propuesta se completó con un programa diverso de números artísticos, tales como, Canto con caja del NOA, Ballet folclórico Cumpliendo sueños del Centro de jubilados La Bianca, Canciones del alma y el coro del Centro de Jubilados Bicentenario.
Razones
–¿Qué sustenta filosóficamente a Sabores de la vida?
–Esta acción de Extensión, en su sentido más amplio, busca la consolidación de una ciudadanía sólida y consciente, que se cimienta en el reconocimiento del “otro” como colaborador indispensable del tejido social.
Este recorrido no es lineal, sino un entramado dinámico que requiere la adopción de criterios fundamentales como la validación del otro, entendiendo la diversidad como el motor de la innovación y resiliencia comunitaria; y el sentido de pertenencia y corresponsabilidad, fomentando una cultura donde cada individuo se sienta parte integral y responsable del bienestar colectivo, trascendiendo el interés individual.
–¿Puede abordarse la acción de extensión desde el rescate de la memoria?
–Sí. La Extensión Universitaria y la memoria histórica se cruzan para rescatar no sólo recetas, sino también trayectorias de vida. En este sentido se ponen en valor las voces de aquellos cuyas experiencias suelen estar ausentes o desapercibidas, transformándose en un tesoro invaluable para la comunidad.
–¿Quiénes son los destinatarios del trabajo y cómo acceder a él?
–Los destinatarios directos del trabajo son adultos mayores pertenecientes a distintos centros de jubilados y al centro comunitario involucrado de la ciudad de Concordia. Además, el material producido durante los encuentros se compiló en un recetario, publicado digitalmente a través del área de comunicación institucional. Se puede acceder al mismo desde la página web de la Facultad de Ciencias de la Alimentación.











