La voz de Julia

21 julio 2026 5 minutos
Redacción

Un elenco que une y potencia a las dos orillas se presentará este jueves, en Casa Boulevard. Allí, desde las 20, el público se asomará a una trastienda teatrera para preguntarse por las formas que anidan en la vigente galería de abusos y menosprecios contra la mujer. Una actriz, su marido, una asistente y una maquilladora harán crecer la tensión apenas emerjan mentiras, secretos y medias verdades.

El jueves 23 de julio a las 20, en Casa Boulevard, El caso Julia iniciará una gira provincial que la llevará también a escenarios de Gualeguay, Victoria y Ramírez. Con la actuación de Melina Forte, Marta Cot, Valentín Abuaf y Gustavo Bendersky, la dramaturgia es de Paula Tabachnik, quien además dirige junto a Bendersky.

La acción se centra en el camarín de una sala de teatro, antes, durante y después de las funciones de un espectáculo. Las situaciones que atraviesan cuatro personajes irán transformando la realidad que los integra y los vínculos que los definen.

“La obra expone el dolor, el amor y la resiliencia de la mujer”, le dijo Bendersky a Tekoha. Una síntesis de lo conversado en la oportunidad se comparte a continuación.

–¿Qué es El caso Julia? ¿Con qué tipo de propuesta se va a encontrar el espectador?

–El caso Julia es un espectáculo que surge a partir de un testimonio real. El testimonio de un brutal episodio vinculado a la violencia de género, ocurrido en la Concordia de los años sesenta. La autora elude vincularse en forma directa con esta materia prima. Toma distancia de ese primer testimonio -he aquí, desde mi punto de vista, uno de sus grandes aciertos- para elaborar una trama donde lo “real” se reconfigura a la luz de lo teatral. Una realidad dentro de otra, como aquellas famosas muñequitas rusas.

Así, los espectadores se encuentran en la escena con lo que -desde una mirada convencional- no deberían estar observando: el camarín, los bastidores, el tras escena. La protagonista es una afamada actriz que cada noche representa una cruda historia sobre las tablas, para luego vivir otra -la personal- tan cruda como la ficcional. Así, lo real y lo ficticio se van enhebrando no como dos aspectos antagónicos, sino como la complementariedad de un fenómeno que, finalmente, nos atañe a todos, nos tiene a todos como protagonistas, nos interpela de un modo u otro.

Desde el punto de vista de su poética teatral, El caso Julia asume el desafío de transitar el género realista, tan desacreditado en los últimos años. Claro que es un realismo trazado con estas particularidades que venimos comentando: discursos narrativos que se superponen y entrelazan y un lenguaje metateatral, no exento de humor pese a la temática.

–¿Para qué público ha ido pensada?

–El espectáculo dura 60 minuto y está pensado para adolescentes y adultos. Por la temática en sí -y el tratamiento que hemos optado por darle- no la recomendamos para menores de quince años. Pero ya a partir de esa edad consideramos que es interesante que la puedan ver. Inclusive la primera función de esta gira que estamos, en Casa Bulevard, está abierta, desde luego, a la comunidad, pero tiene un público al que apuntamos específicamente: el de los estudiantes de Escuelas Secundarias Nocturnas.

–¿Con qué expectativas se presentan?

–El espectáculo se estrenó a mediados de octubre del año pasado en el Espacio Cultural Pueblo Viejo, en la localidad de Concordia. En verdad, el proyecto se trata de una coproducción entre el elenco y la Fundación El Faro, que administra dicho Centro Cultural concordiense. Venimos desde la fecha a esta parte haciendo una serie de presentaciones tanto en Concordia, como en Paraná y en otras localidades entrerrianas.

En cuanto a las expectativas con las cuales estrenamos y ahora proseguimos haciendo funciones, diría que -en el plano de lo político y el activismo- la expectativa está puesta en la resistencia a este modelo y a este espíritu de época tan cruel y depredador. Nos interesa, por un lado, colaborar en el sostén de los espacios teatrales, los circuitos por los cuales girar, las propuestas para esas personas que habitualmente concurren a las funciones, los intercambios entre colegas y todo ese sofisticado andamiaje y ecosistema que el teatro independiente y la cultura popular ha construido durante décadas y que este modelo intenta derribar.

En el plano específico de esta producción escénica, de El caso Julia, nos interesa que el trabajo sea un aporte más a la visibilización de la problemática, a la puesta en visión de las violencias cotidianas que padecen tantas personas, por su condición de mujer. Por supuesto, nos interesa hacerlo desde el lenguaje artístico, lo cual implica una metaforización y una invitación a la reflexión, a la autocrítica.

No se trata de inducir preceptos morales desde un determinado espacio de por sí legitimado (como puede ser un escenario) sino de colocarse -como hacedores escénicos- en un lugar de honestidad y vulnerabilidad para de ese modo interpelar(nos) en conjunto con quienes nos vienen a ver.  

–¿Cómo referenciás a la autora? ¿Cómo la definirías?

–El recorrido de Paula me resulta particularmente interesante y fue, sin duda, uno de los motivos por los cuales no dudé en sumarme al proyecto. Paula es de origen concordiense, aunque hace muchísimos años se fue de su ciudad natal. En los primeros años de su actividad escénica fue alumna de Marta Cot, trabajó con Carlos Migoni y formó parte del mítico grupo Demente, precursor de la vanguardia teatral en nuestra provincia.

Luego emigró a la ciudad de Buenos Aires, ha viajado muchas veces a Japón para formarse con el director Tadashi Suzuki y actualmente reside en la ciudad de Bariloche, donde da clases en la Licenciatura de Teatro de la Universidad Nacional de Río Negro y gestiona su propio espacio de entrenamiento y formación actoral.

–¿Cómo se ha conformado este grupo de trabajo? ¿Qué dinámica se han dado, en virtud de las características de sus integrantes?

–El proyecto surge fruto de la sinergia entre agrupaciones culturales y teatrales provenientes de diferentes regiones (Concordia, Paraná y Bariloche) y políticas públicas de incentivo y fomento a las artes escénicas. El año pasado, lo que queda de nuestro Instituto Nacional del Teatro (a merced de los permanentes embates libertarios) lanzó una convocatoria destinada a proyectos colaborativos entre Salas o Centros Culturales y agrupaciones teatrales. Nos postulamos con lo que en ese momento era apenas un proyecto: la puesta en escena de El caso Julia, con un equipo de trabajo amplio y apuesta ambiciosa. Resultamos ganadores de ese concurso, con lo cual pudimos darle inicio y -no sin dificultades- estrenar y brindar numerosas funciones. El espectáculo también cuenta con el apoyo del ConTIER, el Consejo de Teatro Independiente de la provincia.

En relación a la dinámica, como teatrista, me resulta sumamente sugestivo y rico vincularme con el movimiento cultural y teatral de la costa del Uruguay. Al regreso de la democracia y aún más acá en el tiempo -diría hasta fines de los años ‘90- el intercambio era fluido y permanente. Eventos como la Fiesta Teatral en Maciá o el Colón a todo teatro propiciaban el encuentro y el intercambio entre las regiones de la provincia y entre diversas generaciones también. Ya luego todo ese movimiento se fue aquietando. Por supuesto, nunca de un modo definitivo: el evento A telón abierto o el Viví Teatro de Chajarí son algunas de las instancias que perduran. Entonces, se fue instalando una distancia un poco mayor entre ambas costas.

La costa del Uruguay, desde nuestra práctica y mi experiencia, es un territorio sumamente rico en experiencias y acopiador de saberes y tradiciones de larga data. Su historia y los circuitos de los que forma parte son muy diferentes de los que vivimos aquí en nuestra zona, por eso me ha resultado siempre muy sugestivo volver a enlazar nuestra práctica con aquella costa. 

–¿Cómo ha sido la experiencia de codirigir?

–La experiencia de codirigir ha sido y está siendo sumamente desafiante y enriquecedora. Como tocar el piano a cuatro manos, codirigir un espectáculo de teatro implica el reto de inventar (y luego poner a prueba) procedimientos de trabajo donde las diferentes perspectivas acerca del hecho teatral en general -y la tarea de dirigir en particular- generen una dialéctica propositiva y de sumatoria. Es un aprendizaje permanente, con matices que hay que ajustar permanentemente. Es un trabajo que me invita todo el tiempo a cuestionarme cómo encarar un ensayo, cómo resolver una escena, cómo dirimir cuestiones de puesta en escena. Y eso es algo maravilloso, sin lugar a dudas.

Cronograma de funciones

Jueves 23 de julio, a las 20, en Casa Boulevard / Sala Metamorfosis (Ituzaingó 80. Paraná). Reservas al 343 4657010

Viernes 24 de julio, a las 21, en Liebre de Marzo (25 de Mayo 1465, Gualeguay). Reservas: @liebre_de_marzo_teatro

Sábado 25 de julio, a las 21, en la Agrupación Cultural Victoria (Italia 474, Victoria). Reservas al 3436 434215

Domingo 26 de julio, a las 20, en Casa Municipal de la Cultura (Belgrano 461, General Ramírez).

Foto: Omar Lagraña

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