Un ciclo televisivo repasa sucesos regionales que por distintos motivos impactaron en la sociedad entrerriana. El programa semanal se llama Memoria frágil. Representa una manera alternativa de reunirse con situaciones, contingencias y personajes que han marcado la cultura local. El formato, que mezcla evocación con evaluación, tiene características que ameritan un análisis pormenorizado.
En los inicios de los 80s, Daniel Enz era un puñado de sueños juveniles vinculados al periodismo. Cuatro décadas después encontró en un programa de televisión, la estrategia para enfrentar las fuertes limitaciones operativas que imponía la declarada pandemia por el virus del covid 19. Las dificultades sanitarias para sostener la dinámica de actualidad con Cuestión de fondo, lo llevaron a pensar en caminos alternos. así nació Memoria frágil.
El caso es que el ciclo documental tomó vuelo, la emergencia terminó y se resolvió sostener la experiencia comunicacional. En el medio, hay un serpenteado camino vivencial que se asoma y se esconde, en un juego de claroscuros que transforma al producto terminado en la exaltación del proceso del que irrumpe.
Con más de 200 programas semanales al aire, durante una hora Memoria frágil trae al presente una galería de personajes, de situaciones y de problemáticas fuertemente afincadas a la idea de cercanía en una doble acepción: son parte de la historia reciente y, además, han ocurrido a escasa distancia o en la misma ciudad.
Lo llamativo es que, por fuera de los contenidos específicos, más allá de los nombres, apellidos, vínculos y circunstancias, la serie de episodios da cuenta de la trayectoria de quien conduce el espacio y a la vez guía al equipo de trabajo en la etapa de producción y realización. No faltará oportunidad para entrar en detalles.

Vaivenes
En medio de un universo que suele estar tironeado por detractores furibundos y aduladores empedernidos, le llevó casi medio siglo a Enz ocupar un espacio destacado en el campo profesional. Alcanzó esa provisoria meta en un contexto en el que el periodismo se ha convertido en un quehacer vituperado, sospechado en voz baja, muchas veces ninguneado, que no ha perdido influencia pero que no goza del prestigio de épocas pretéritas.
Memoria frágil es un programa de TV que se emite por Canal 9 Litoral, los sábados por la noche. Las emisiones quedan alojadas en YouTube, en una especie de videoteca virtual que habilita además una mirada panorámica de lo ocurrido en estas latitudes, de un largo tiempo a esta parte. Más allá del fenómeno del consumo en directo, debe consignarse que es creciente el número de vistas del material en diferido: es otro circuito, al que se accede desde un buscador, es decir, que su apreciación puede no ser subsidiaria de la transmisión televisiva tradicional (alguien que lo vio el sábado a la noche y va en su búsqueda en YouTube) sino que se puede producir por iniciativa de un usuario cualquiera que colocó las palabras clave indicadas.
En esa plataforma digital se consigna que la propuesta “tiene como contenido la investigación sobre hechos ocurridos en la provincia de Entre Ríos, Argentina, décadas atrás”. Naturalmente, casos resonantes policiales o judiciales, que dan cuenta de decisiones personales o de voluntades asociadas para fines criminales, tienen un desarrollo significativo, en tanto forman parte de una de las áreas impactantes del equipo de trabajo, desde sus primeros pasos. No obstante, progresivamente, han ido siendo incorporados otros materiales en los que se recuperan experiencias, se perfila la vida y obra de personalidades de renombre, se describen períodos específicos o se plantean problemáticas irresueltas. De ese modo, el carrusel temático resulta más diverso y, al girar, da cuenta de un modo más integral de abordar la cultura local.
En lo formal, en Memoria frágil se escenifica un diálogo entre la base de datos con la que cuenta el equipo de Análisis que, en muchos casos, estuvo encargado de la investigación original, los testimonios actuales de personas que de alguna manera estuvieron relacionados a ellos y los audios en off del conductor, que los articula y estructura.
El discurso que se moldea no se agota en el intento de reconstrucción minuciosa del pasado; las entrevistas registradas en el presente producen un tipo de ejercicio que remite al título del ciclo. En efecto, ver a las personas algunos años después explicar, contextualizar y evaluar, incluso su propio desempeño, enriquece la noción de lo vivido y potencia la experiencia de la reflexión, mientras refresca la memoria en algunos casos y anoticia a muchos más que directamente desconocían que alguna vez sucedió lo que les muestra la pantalla. Así el relato adquiere nuevas formas de acceso y otros condimentos, para distintos tipos de seguidores.
No está de más indicar que los contenidos están desarrollados desde un posicionamiento determinado. Sin embargo, no se ofrece un paquete cerrado de interpretaciones: la suma de voces diversas alivia la tensión de la trama y aporta un valor cierto al relato.

En cuanto a los aspectos narrativos, la presentación del tema en Memoria frágil es resuelta con un locutor en off (Enz) e imágenes de archivo (fijas y fluidas) o recreaciones de escenarios que remiten al lugar donde los hechos abordados ocurrieron. Esos fragmentos van intercalándose con los segmentos de entrevistas, cuyos planos medios permiten que el televidente se asome a la escena donde el testimonio se registró para advertir detalles de algún modo relacionados con maneras de pensar y sentir del reporteado.
En este encadenado de subunidades, el editor pierde algo de poder porque ya no controla la totalidad de puntos y comas del guion; pero la pieza gana en eficacia porque la enunciación en primera persona de quienes brindan su testimonio ejerce un atractivo especial y porque es más amplia la paleta de puntos de vista compartidos, registros vocales, expresiones corporales y ambientes físicos donde los invitados se expresan.
Un déficit manifiesto en nuestras culturas es la falta de archivo de imágenes, proceso que demanda la guarda, selección, digitalización, catalogación y conservación de lo atesorado en lenguaje audiovisual. Hay que pensar en que una emisora puede generar material durante las 24 horas, de lunes a lunes; por lo que su gestión no puede ser afrontada sino de manera profesional, por un equipo de personas. La verdad es que no hay dentro de los canales ni las productoras quienes se ocupen organizadamente de estos asuntos.
La impresión es que en procura de resolver esta dificultad el equipo de realizadores de Memoria frágil pudo haber pensado en el recurso de las entrevistas: esas imágenes vendrían a reemplazar a las de archivo con las que no se cuenta o se tiene a cuentagotas. Más allá de esta cuestión instrumental, los testimonios le dan al formato un plus semántico y una mayor heterogeneidad estética. Es bueno reparar entonces en que a veces una contrariedad puede derivar en un gesto fecundo.
El registro de Memoria frágil es periodístico. No se advierten intenciones de producir un ensayo desde la Historia, el Derecho, la Sociología o la Ciencia Política. Su estilo, su narrativa, su estructura es típicamente periodística. Hay otra evidencia más tenue de que al equipo lo anima un protocolo periodístico: no es fácil organizar los programas desde las tradicionales secciones fijas. Al analizar el índice no escrito, es decir, el que surge del listado de títulos de los programas emitidos, se advierten recortes que no pueden haber surgido sino de charlas entre colegas, en la redacción. En efecto, más de un programa parece ser la respuesta a esas preguntas que suelen quedar flotando en una conversación entre comunicadores dedicados a la actualidad. La matriz periodística emerge entonces en el modo de privilegiar lo regional y ponderar lo sustantivo, en la forma de tratamiento, en la manera de contar, en la estrategia para entrevistar y, en general, en la idea de sumar voces locales, al estilo de un informe.
Aun aceptando que la ensayística no es el tono adecuado para un programa de televisión con pretensiones de masividad, debe señalarse que cada tanto el formato del informe periodístico podría incorporar voces analíticas de observadores calificados, que aporten a Memoria frágil una visión panorámica sobre procesos de más largo aliento. Ese gran angular le aportaría otra dimensión a la serie de episodios, generalmente enfocados en casos específicos, individualizados.
Por sí mismo, Memoria frágil no alcanza a torcer la tendencia general a la imitación de los formatos porteños que se advierte en la televisión comarcana ni llega a corregir el aluvión de comunicación deslocalizada con la que habitualmente se rellenan los bloques, bajo la excusa de que la gente prefiere los asuntos frugales. A su modo, con limitaciones de producción que ellos deben conocer mejor, es una comprobación de que hay audiencia para un tipo de propuesta que vincula el presente con el pasado más o menos reciente. Y, también, que es posible llenar la pantalla regional de lugares conocidos y espacios físicos próximos, con historias cercanas protagonizadas por vecinos que tienen la misma tonada de los televidentes, que a su vez pueden identificar las calles, circunstancias y lugares públicos que se nombran durante la emisión.

Aproximaciones
Técnicamente, la posibilidad de consultar al responsable de Memoria frágil ejercía el atractivo de confirmar sospechas o corregir hipótesis sobre lo observado en el ciclo. Ubicarlo no fue difícil. Desde que el encuentro se confirmó el encargado de entrevistarlo repasó asuntos que le daban vueltas. Por ejemplo, que Memoria frágil habla más de Daniel Enz de lo que puede parecer en primera instancia. El capital simbólico de Enz hace mover la rueda de la producción y realización de manera tal que la energía que se desprende de cada unitario ayuda a poner en valor una forma de trabajo que él convirtió en una marca personal. Verificar la pertinencia de la consideración fue una de las premisas fijadas.
Cuando el entrevistador escuchó aquel nombre por primera vez fue gracias al boca a boca, muchos años atrás. Una amiga se lo recomendó. Lo seguía, luego de encontrar en una publicación porteña progre un avisito con los datos del programa. Por entonces, él no era más que un estudiante de Comunicación Social y Enz, pasó a ser una voz en la tarde de la radio. Mientras pensaba preguntas trató de recordar la emisora. Se quedó con la idea de que pudo haber sido FM Litoral. Lo importante es que la de Enz no era una voz cualquiera: le gustaba alborotar lo dado. Ya había pasado por El Diario y LT 14, dos medios tradicionales; ahora disparaba contra lo establecido desde una FM que, por entonces, gozaban del hecho de que eran considerados canales emergentes, alternativos, menos atados a formalidades. Más libres.
También la sociedad era otra. En esos años, por su cercanía temporal, la dictadura cívico-militar no era una noción académica sino una etapa siniestra sujeta a tironeos entre quienes proponían dar vuelta la página y los que hurgaban en testimonios y documentos para sacar la verdad a la luz, hacer memoria contra una campaña somnífera y procurar la instauración de un escenario que promueva el ejercicio de una justicia real. Enz estaba inscripto en este paradigma. Era criticón, además. Molestaba. Hacía denuncias que involucraban a personajes que tenían o tuvieron poder. Le cedía micrófono a ciudadanos que incomodaban. Al menos esa idea le quedó al entrevistador.
El período en que Enz fue corresponsal de Página/12 le fue aportando un estilo que se reflejó en el carácter de las investigaciones y en las tapas del semanario Análisis. El boom ocurrente de la publicación porteña, que se manifestaba en la forma de titular, hizo subir la espuma de la revista paranaense; de hecho, Análisis cronicaba puestas en escena estructuralmente comunes, con alternativas y personajes locales, próximos, de esos que cualquiera podía cruzar en los cafés. La lucha a favor de la vigencia de los derechos humanos (tal como se concebían entonces) y contra los actos de corrupción política eran pilares que sostenían la propuesta. El ayer que se quería ocultar; el presente que se pretendía encubrir. Aportaban lo suyo notas que además visibilizaban disputas palaciegas, las internas partidarias, las pujas intra e interpoderes del Estado, las rencillas sindicales y, en fin, los roces propios de todo cruce de intereses.
En un mundo en el que lo analógico no se resignaba a ser jubilado de oficio, aparecer en la tapa de Análisis alimentaba un morbo social particular, que encendía la vanidad de dirigentes y la curiosidad del sector de dirigidos atento a lo público. Puede parecer exagerado, pero incluso los periodistas que trabajaban para Enz, en sus distintas épocas, se distinguían entre sí según la cantidad de tapas del semanario que eran de su autoría, lo que da una medida del impacto generado incluso al interior del oficio.
Paralelamente, en busca probablemente de nuevos públicos, la revista amplió su agenda a los deportes, la cultura y las entrevistas de personaje. Así, para ajustarse a la dinámica de la aparición semanal, se hicieron más frecuentes formatos de volumen, como los informes. En todos esos años, Enz transmitió su entusiasmo y experiencia a distintas camadas de periodistas; y debe haber aprendido o actualizado saberes en la interacción con tantos comunicadores que trabajaron bajo su tutela. Acertó y, seguramente, se equivocó.
De todos modos, más allá de la habilidad de Enz para mantenerse en la cresta de la consideración general, hay un valor social en juego sobre el que vale la pena detenerse. No se ignora que para algunos (sobre todo los afectados por las publicaciones o asociados a ellos) es un “tirabombas”, un “loquito”; tampoco que para otros es una especie de prócer cívico, un vocero de los intereses ciudadanos; se sabe asimismo que hay quienes ponderan la enjundia investigativa, aunque objetan algo así como la calidad escritural del producto final. Ahora, es preciso reconocer que para reconstruir una parte de la historia y la cultura reciente de Entre Ríos, en la actualidad y en los años por venir los investigadores deberán recurrir a los archivos de Análisis, ya sea para apropiarse de sus puntos de vista, para corregirlos o para intentar refutarlos.
Pues bien, esa masa crítica que fue sedimentándose es el sustento de Memoria frágil, un programa que, como se ve, refleja un recorrido mientras lo pretende capitalizar.

Yo, Enz
Desde que escuchó de él por primera vez, los meses se hicieron años. Los proyectos insumieron lustros, los gobiernos se sucedieron y personajes poderosos tienen nombres que hoy apenas son recordados. El Paraná miró el panorama de reojo; mientras, se desbordó y moderó su caudal al mínimo imaginable, justo a tiempo y a destiempo.
En el interín, supo que Enz se había formado con Guillermo Alfieri; y que el vínculo era tal que entraba y salía de la residencia que el referente periodístico compartía con Mercedes Porqueres, en Paraná, como un familiar cercano más.
Como la luna, su carrera ha tenido fases. No dejó de orbitar. En elipsis. Hoy, dirige el periódico Análisis de la actualidad y el sitio web homónimo de noticias; conduce un programa radial diario, A quien corresponda; es el responsable de un programa televisivo semanal de actualidad, Cuestión de fondo, y de uno de carácter documental, Memoria frágil. Tiene publicada una veintena de libros de investigación. Está integrado a un colectivo de periodistas argentinos que lo reconoce, varios de los cuales aparecen en la grilla de invitados en el Ciclo de charlas que organiza año a año. A ese lugar, Enz lo construyó desde la nada. Mérito suyo. Con él se pensaba reunir.
El entrevistador entró al bar, a la hora señalada; trepó la escalera y lo buscó en un amplio estero de mesas cuadradas y sillas de madera. Lo encontró por el suroeste, más allá de una penumbra de salón, entretenido con una colación. La gabardina desplazó al pantalón y campera de jean con que lo recordaba. A su lado, esperaba una voluminosa mochila de cuero, cargada al máximo de sus posibilidades.
Contó que trabaja mucho a toda hora, que tiene un portafolio de planes vinculado al periodismo, que a veces el título de una nota o un libro lo despierta de noche, pero también que le dedica tiempo a la paternidad y la vida familiar, y que vive esos momentos como una oportunidad de plenitud personal.
Al escucharlo es como si el mosquetero de los comienzos hubiera cedido la iniciativa ante el director de orquesta. “Fui aprendiendo a formar grupos y me gusta acompañarlos; superviso todo, tanto la línea general como los detalles, pero cada periodista tiene autonomía para trabajar; ellos saben que, si hay que hacer una consulta, estoy y que mi respuesta suele ser decisiva, aunque lo corriente es que sepan cómo manejarse; lo que no me gusta es estarle encima a la gente, prefiero que trabajen a comodidad dentro de los plazos y en las condiciones que todos conocemos”.
A Enz no le preocupa generar un impacto con el uso de un lenguaje rebuscado o de categorías grandilocuentes. Es del tipo de periodistas que prefiere la trinchera. Le gusta estar en primera línea: opta por escribir el reporte antes que ser su lector. Sin embargo, hay un telón conceptual en sus afirmaciones, que opera aunque él no lo haga explícito. Ese manual de estilo, muchas veces, se empieza a escribir desde la certeza de lo que no se quiere hacer o se prefiere evitar, en lo posible. No son sólo definiciones en torno a la eticidad de los actos, incluyen otras vinculadas al método, a un saber hacer determinado. Es el medio aguinaldo de la experiencia.
“No quería hacer un programa anecdótico sobre el pasado, simpático; quería algo que movilice, que sea actual aunque refiera al ayer”, señaló. Dio ejemplos. “Tampoco me parecía bien que Memoria frágil se circunscribiera a lo judicial o policial, aunque se trate de casos resonantes; nunca quise acotarlo en ningún sentido, ni temáticamente ni geográficamente porque me encantaría que la agenda refleje mejor a la totalidad de la provincia”, expresó, al confiar su deseo de que “pronto lo podamos hacer”.
No se enteran los interlocutores, pero afuera la ciudad sigue siendo el hormiguero raleado que dejaron al entrar al microuniverso del bar, con vecinos que deambulan por las vidrieras como sin rumbo, sueñan con consumir, se frustran y siguen su andar cansino, sin lograr detectar del todo quién ha ido raleando la riqueza de la que alguna vez disfrutaron ellos mismos o las generaciones que les precedieron.
Mientras sacaba cuentas el comerciante y se aburrían las empleadas, Enz regresaba sobre Memoria frágil. “Es un programa que nos dio una satisfacción que no esperábamos; de hecho, lo armamos para salir del paso, sin saber cuánto duraría la pandemia; lejos de aquella coyuntura los mensajes siguen siendo elogiosos, los televidentes nos dan ideas, nos hacen sugerencias, nos critican también”, comentó. Luego, ante una consulta, reveló que “los integrantes del equipo estamos siempre en contacto porque somos los que sostenemos los otros proyectos; recibo las propuestas, asigno los temas, a veces llamo a un potencial entrevistado si sirve para agilizar la gestión y vamos monitoreando el avance de cada línea de trabajo para ver si mantenemos la planificación de emisiones o debemos hacer alguna modificación”.
De sus palabras se desprende que los distintos frentes de acción se pueden potenciar entre sí. “A veces, surge un tema y digo: es para Memoria frágil o para Cuestión de fondo; en otras, cuando todavía nos falta darle volumen a algún desarrollo aprovechamos el programa de radio para alcanzar la solidez de fuentes que buscamos”, refirió, al añadir que “todo está en mi cabeza; coordinar esos esfuerzos, resolver a qué lugar va cada cosa y gestionar las emociones, los tiempos de maduración y los intereses particulares en función del conjunto, es una de mis responsabilidades”.
Mientras lo fotografían, un mediodía soleado se asoma por la ventana. El dispositivo lo intimida. “No tomaste el café”, se queja. Un sorbo largo del interlocutor parece dejarlo conforme. “Seguí hablando, como recién, con naturalidad”, se le propone. Hace lo que puede. Lo intenta.
Mientras abandonan el lugar, saluda hacia una mesa de más allá donde una persona deja de operar la computadora para retrucarle. Hace bromas con el mozo. Lleva la mochila como bolso de mano, no sobre los hombros. “Por qué seguís usando el grabador si podés grabar con el celular; hay una aplicación que te desgraba con una precisión terrible”, aconseja.
En la esquina se subirá a un auto de alquiler. El microcentro de Paraná es un concierto de apuros bocineados. En un instante, el vehículo se desvanecerá y Enz junto a él. Qué voy a hacer con esto, se preguntará el entrevistador. Es él el que ahora deberá imaginar cómo sigue el viaje.











