Para identificar los contextos de producción, las redes de intercambio entre pares y los espacios de difusión y contacto con el público, un equipo de investigadores de la UNER entrevistó a 14 músicos de Paraná, de distintas generaciones. Esas historias de vida son el núcleo del libro Las voces del sonido, el quinto en la lista de 170 escalones. El relevamiento de experiencias y opiniones, cuyo autor es Román Mayorá, está llamado a convertirse en una referencia ineludible para futuras indagaciones.
Dirigir un equipo supone, de algún modo, gestionar una complejidad parecida a la de tocar la batería. Con palillos o escobillas, mezclando sonoridades graves, austeras y brillantes, se trata de lidiar con el hecho de que cada extremidad hará un trabajo diferente, y a su vez de procurar que esas acciones individuales estén orientadas por la rosa de los vientos de un compás. Es un trabajo de coordinación y de cooperación mutua: guía y complemento para que cada parte se luzca, flexibilidad para estar abiertos a nuevas ideas y a la vez amable firmeza para que se alcancen los objetivos fijados.
También quien está al frente de un grupo de personas, por ejemplo investigadores, debe dar cuenta de un control rítmico de acciones diversas para que pueda dialogar integralmente con sus pares mientras va marcando el paso, a lo largo del sinuoso proceso que supone pasar del dicho al hecho.
En ese sentido, es probable que el afán de golpear con sentido musical platos, cajas, toms y bombos le haya ayudado a Román Mayorá a afrontar el período de convivencia académica que implicó zambullirse en racimo en un terreno hasta ahora inexplorado, como el de la música popular urbana, en Paraná. Para eso armó una banda de la que también participan los docentes Víctor Lenarduzzi, Rocío Pícolli, Pablo Russo y Franco Giorda.
Entre los aportes realizados, es significativo que se haya registrado el testimonio de una pléyade de artistas locales, pertenecientes a generaciones diversas, que arrancaron escuchando vinilos y que siguieron el reguero de pólvora analógica y digital en casetes con cinta de cromo, magazines, compact discs, minidiscs y MP3, hasta llegar a las actuales plataformas. El trabajo tiende a mostrar los cambios en la identidad y las rutinas de los autores e intérpretes. La lupa se enfocó en la producción, realización y circulación de esos bienes culturales que ligeramente solemos denominar canciones.
El libro se llama Las voces del sonido y está a punto de integrarse al catálogo de la revista 170 escalones. Sus responsables son periodistas ya nombrados: Pablo Russo y Franco Giorda. Nacido en Paraná, 170 escalones es un espacio para el intercambio de experiencias y la transmisión de memorias escritas, sonoras, visuales y audiovisuales, en la que predominan las crónicas, las entrevistas y los ensayos. Es un medio respetado, con agenda propia y, sobre todo, con un claro posicionamiento en el sentido de que toda comunicación es política.
En una feria a la que nos invitaron, instalamos nuestra mesita y, al desplegar sobre el paño las publicaciones que fuimos haciendo, nos dimos cuenta de lo productivo y diverso que fueron estos años, pese a tantas contrariedades. El comentario fue realizado por Russo antes de que el dispositivo comenzara a registrar su testimonio, es decir, cuando aún no estaba delineada la situación de entrevista. La anécdota da cuenta de una modesta celebración, de un pequeño gran triunfo, que termina de entenderse cabalmente si se considera el cúmulo de dificultades que deben afrontar los medios de comunicación autogestivos para sostener sus propuestas. Cada nota es una pequeña trinchera de humanidad en un mundo absurdamente cruel e insensible: una mano extendida que crece entre las baldosas de una cultura banal.
La novedad sobre la presentación en sociedad del quinto libro justificó la consulta. “Nuestro mascarón de proa es la revista digital, de carácter cultural”, introdujo, ante una pregunta puntual de Tekoha. “A partir de ahí, creemos que podemos intervenir en distintos lenguajes y soportes, además de que somos de la generación del papel y nos da placer interactuar con la cultura del libro, tradición que para nosotros encarna el sueño de un país con igualdad de oportunidades”, planteó. Para el logro de estos esforzados fines, a los verbos articular y asociar los vienen conjugando de todas las formas posibles, a tiempo y a destiempo.
Pese a su interés, Russo no ha desarrollado habilidades musicales. “El único instrumento que sé tocar es el reproductor de audio”, comentó, entre sonrisas de complicidad. Sin embargo, es un consecuente degustador de repertorios elaborados y de cancioneros donde la palabra no se pronuncia en vano. También ha sido gestor de propuestas múltiples, donde músicos y públicos se integraron a una misma poética. En esta oportunidad, junto a Giorda, se ha desempeñado como editor.
Publicar libros es una empresa colosal. El primero de 170 escalones salió a la luz en 2018. Fue Huellas en la piel de la ciudad, con fotos de paredes pintadas con stencils. Luego llegaron Mujer de la costa, sobre Dominga Ayala; Ciudades del río, de Mariana Melhem; y La estrella en el remanso, de Alejo Mayor. Las voces del sonido, de Román Mayorá, está en el horno, tomando color y altura.

En paralelo, el equipo de 170 escalones publicó Conversaciones fluviales y Conversaciones trans, fanzines ensobrados temáticamente, que contienen un puñado de historias paranaseras de vida. Entre otras ocurrencias, materializaron un álbum de figuritas con 24 obras originales de artistas locales al que llamaron Paraná ilustrada. Completa la oferta el cortometraje Virus, año cero, que se estrenara en el FICER y una constelación de podcasts, de la que se destaca la serie Soberanía humedal.
Se trata de proyectos artesanales, en el sentido de que se procura el máximo de prolijidad. Esa dedicación deriva en procesos largos por la intervención de distintas miradas especialistas y oficios. “Vamos lento, probablemente, pero nos gusta sentir ese cosquilleo de orgullo por cada proyecto cristalizado”, expresó Russo, al indicar que “le sacamos tiempo al tiempo para encarar estas iniciativas y la paga es la satisfacción de que todo salga bien”.
En rigor, Las voces del sonido se sustenta en la investigación Escenas de la música urbana, cuyo subtítulo es Experiencias históricas y actuales del rock-pop en Paraná. Fue financiada por la UNER, en el marco de la Tecnicatura de gestión cultural que se dicta en la Facultad de Ciencias de la Educación.
Mediante entrevistas a actores considerados clave, la investigación pretendía “definir si en la ciudad de Paraná existió y/o existe una escena musical diferenciada, cuáles son sus características, trayectorias, fortalezas y dificultades, y recoger indicios sobre su pasado y sus proyecciones a futuro”.
Luego de compartir el diagnóstico y las conclusiones en encuentros de expertos e interesados, surgió la idea de compilar las entrevistas realizadas, que en conjunto proporcionan un paneo temporal de medio siglo sobre el fenómeno de la música popular de corte urbana.
Redactado el proyecto, fue presentado ante el Fondo Económico de Incentivo a la Cultura, las Artes y las Ciencias, una política pública de la Municipalidad de Paraná que evalúa y selecciona iniciativas locales orientadas al desarrollo sociocultural. La carpeta de Mayorá fue elegida entre aquellas que el FEICAC iba a financiar.
Ahora está todo listo: la palabra de los músicos, el prólogo de un especialista como Sergio Pujol y una introducción a cargo de Mayorá, a quien Tekoha consultó en busca de precisiones. Como se verá, el discurso del autor no será el del baterista aficionado. Al groove, el redoble y los golpes fantasmas los dará ahora desde el cruce erudito entre comunicación y cultura.
–¿Cuál es la historia del libro Las voces del sonido?
–El libro surge inicialmente de una inquietud por indagar en la producción cultural, y en particular, en la música local. La sociología de la música y la investigación cultural son temas en los que me vengo formando en la universidad hace ya casi 20 años. Ese interés se materializó en una investigación universitaria que desarrollamos con un equipo de docentes de la Tecnicatura en Gestión Cultural de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER (Víctor Lenarduzzi, Rocío Piccoli, Pablo Russo, Franco Giorda) y que finalizó durante la pandemia, donde entrevistamos a músicos locales para luego analizar cuestiones vinculadas a la formación, gestión, producción, espacios escénicos, entre otras dimensiones.
Estas cuestiones fueron publicadas en revistas académicas y presentadas en congresos; pero siempre observamos que las entrevistas eran en sí mismas testimonios muy valiosos sobre la música de la ciudad de Paraná durante los últimos 50 años. Siempre estuvo la idea de preservar y difundir esas conversaciones, y de ahí surgió la posibilidad de editar este libro, que tiene el apoyo del Fondo Económico de Incentivo a las Ciencias, las Artes y la Cultura (FEICAC) de la Municipalidad de Paraná para poder concretarse.

Estructuras
–¿Es una obra colectiva? ¿Cómo está formalmente organizada?
–Se trata de un libro de entrevistas, por lo cual a la centralidad la ocupan las declaraciones de cada uno de los catorce músicos entrevistados. El libro tiene un prólogo que muy generosamente escribió el historiador Sergio Pujol, un texto introductorio a mi cargo donde hago una contextualización general de la escena musical desde el punto de vista de las personas entrevistadas y presento algunas posibles líneas de lectura de esos diálogos; y luego están las catorce entrevistas organizadas cronológicamente según la fecha de nacimiento de cada entrevistado, comenzando por los músicos con más experiencia y finalizando con los más jóvenes. Esto permite ir hilvanando una historia de la música local, con sus cambios y continuidades a lo largo de las décadas.
–¿Entonces el libro no es la publicación del informe final de la investigación?
–En efecto, el libro no es el informe de la investigación. Hubo una decisión de publicar las entrevistas en lugar de los análisis que en su momento realizamos y que en su mayor parte ya fueron publicados como artículos académicos y papers en congresos.
El texto introductorio es inédito y fue escrito pensando en una obra de divulgación cultural, para un público general que puede estar interesado en las bandas, en los músicos o en conocer más sobre la cultura de Paraná.
–¿Qué se busca visibilizar?
–El libro busca visibilizar, a través de las entrevistas, la historia y las distintas realidades (logros, problemas, zonas de vacancia) de la música local. Algo interesante sobre la selección de entrevistados (que siempre es acotada y resulta insuficiente) es que buscamos a personas de distintas generaciones, que tocaran diferentes instrumentos, que tuvieran intereses variados en cuanto a géneros musicales, dentro de la música popular urbana.
Todo esto dio como resultado que muchísimos músicos y bandas de la escena local quedaran de un modo u otro representados en las páginas de esta publicación, ya que se les menciona como referentes, integrantes de proyectos, gestores, intérpretes o compositores.

Muelles
–El fenómeno de la música urbana es multidimensional, ¿desde qué perspectiva lo abordan?
–Actualmente se habla de música urbana en relación a algunos géneros puntuales derivados del rap o el hip hop, como el trap o incluso el reggaetón. En este libro se aborda la música popular urbana en un sentido muchísimo más amplio. No abordé y no me interesa la discusión sobre géneros musicales en un sentido excluyente y “purista”, algo que puede funcionar bien para diferenciar propuestas artísticas, pero no es útil al momento de investigar una escena cultural como la de Paraná.
Hay mucha bibliografía al respecto y mucho consenso en que toda la música popular realizada con amplificación desde mediados del siglo XX en adelante entra en una categoría de música popular urbana contemporánea. Allí el rock fue durante décadas el movimiento principal, con variantes y subgéneros de los más diversos. Algunos son anteriores históricamente al rock (como el jazz o el blues), otros son muy locales, como las fusiones con el folclore, hay géneros más globales como el pop, la música electrónica o el hip hop, y muchas variantes del rock: indie, alternativo, heavy, etcétera.
–¿Qué metodología adoptaron?
–Las entrevistas fueron realizadas apuntando a la reconstrucción de historias de vida. Las catorce entrevistas fueron realizadas por los docentes del equipo, con un cuestionario base en común y muchas preguntas puntuales que fueron surgiendo en cada encuentro según lo que cada persona iba comentando.
Cada entrevista duró una hora y media aproximadamente, todo eso se transcribió y analizó durante la investigación, y ahora fue editado y corregido para lograr una mayor claridad en la lectura. Participé en la corrección junto a los editores y a Paola Calabretta y eso nos llevó varios meses de chequear datos y discutir alternativas en cuanto a cómo organizar la información.
–¿Encontraron material para aproximarse al tema o debieron arrancar prácticamente de cero?
–Si bien personalmente conozco algo de la escena local por interés y formación, un puntapié de esta investigación fue el documental 65/75 Comarca Beat, que retoma los inicios de la música rock en la ciudad de Santa Fe. Ahí aparecen mencionados los primeros grupos de música beat de Paraná, porque iban a tocar a Santa Fe, y en una de las proyecciones de este filme en Paraná estuvo Francisco Calabretta, miembro de Los Brujos. Luego de la proyección hubo un intercambio muy interesante entre quienes fuimos a esa función, y finalmente Francisco fue uno de nuestros entrevistados. Luego hubo mucho de lo que en investigación se conoce como efecto “bola de nieve”, esto significa que cada entrevistado nos iba dando pistas y datos de otros posibles entrevistados, o iban apareciendo datos que se repetían en más de una entrevista y los podíamos chequear triangulando de ese modo.


Comarcano
–Está claro que el material se incorpora a un área en vacancia, ¿qué aportes entendés que hace la publicación, para la academia, para la ciudad, para los músicos?
–La historia de la música rock y sus derivados en distintas ciudades de Argentina por fuera de Buenos Aires es un área de interés creciente. Es un tema que sigo investigando, y estoy en contacto con personas de otras ciudades que están haciendo libros, podcasts, documentales y otras producciones tanto académicas como periodísticas, con el objetivo de rescatar una historia que está alejada de las grandes discográficas y los canales de televisión nacionales, y que en muchos casos corre el riesgo de perderse.
Obviamente este libro resulta insuficiente, porque reúne apenas un puñado de testimonios de un universo mucho más grande, y hacen falta más trabajos que permitan dar cuenta de las vivencias de los productores culturales locales y su historia.
El libro aporta algunas historias y anécdotas importantes, permite dar cuenta de los espacios donde la música circula (muchos ya no existen), aparecen nombres de bandas, experiencias diversas (de formación, de trabajo, de grabación) y espero que habilite muchas conversaciones y que sea un aporte para fortalecer la actividad local.
–¿Qué pretendían conocer de los entrevistados?
–El temario con el que abordamos cada entrevista, como apuntábamos a la historia de vida, empezaba siempre con datos biográficos como la fecha y el lugar de nacimiento, y seguía con preguntas sobre los primeros recuerdos asociados a la música (en muchos casos a la escucha únicamente). Luego indagamos en las formas de aprendizaje, sobre la ejecución de un instrumento, la composición, y de ahí pasamos a la trayectoria escénica: qué proyectos integró, cómo les fue en cada uno, qué desarrollos lograron materializar.
–¿Es una ventaja o una desventaja que los entrevistados puedan recorrer lo ocurrido en la ciudad desde la década del 60, con todo lo que ha ido cambiando la escena?
–Es algo que buscamos, que las entrevistas se encadenen una con otra. Y es algo que logramos: en general todas las personas mencionan en algún momento a otros de nuestros entrevistados. Dadas las limitaciones que teníamos, abordar músicos de distintas generaciones era el único modo de cubrir un abanico temporal muy amplio.

Trayectos
–Mirando en retrospectiva, ¿vos buscaste iniciar el camino del investigador o la investigación te fue encontrando?
–Yo me inicié en investigación cuando era estudiante de Comunicación Social, en un trabajo dirigido por Sebastián Román sobre científicos europeos que estuvieron viajando por Argentina en el siglo XIX. Esa experiencia me aportó muchos aprendizajes y me permitió conocer el campo cultural de Paraná en la época de la Confederación, que es un tema apasionante.
En paralelo me formé con Víctor Lenarduzzi, quien dirigió mis trabajos de tesis de grado y posgrado, ha investigado cuestiones vinculadas con la música masiva. Él fue, además, asesor de la investigación que dio origen al libro y es un colega con el que tengo la suerte de continuar trabajando actualmente.
–¿Qué herramientas sentís que te ha aportado tu trayectoria académica?
–Una de las primeras entrevistas que hice como estudiante de Comunicación Social fue a Sergio Sánchez, que en ese momento era mi profesor de batería y percusión y con quien compartí algunos escenarios. Y uno de mis primeros trabajos como comunicador fue para un libro de partituras de Leonardo González, donde reseñé distintos géneros y datos biográficos de intérpretes y compositores de música popular. Así que mi trayectoria académica está atravesada por el interés hacia la cultura y la música.
Dicho esto, todos los y las docentes con quienes me he formado tanto en la UNER como en la UNR (no podría mencionar a cada uno) han sido muy generosos y me han permitido una formación de base con la que estoy muy conforme. Ese es uno de los grandes valores de la universidad pública en Argentina. Trabajar en cuestiones académicas me ha permitido desarrollar la mirada para poder observar la realidad de otras maneras, y al mismo tiempo estar cerca de esas realidades que investigamos, ya que muchos estudiantes que pasan por las carreras de Gestión Cultural y Comunicación Social están llevando adelante distintos proyectos artísticos, sociales o comunitarios en la ciudad y tienen inquietudes diversas y contrastantes. Por mi formación y por mi trabajo docente en carreras vinculadas a ciencias sociales y humanidades, y en particular en relación a la cultura, veo que hay muchísimo por hacer en nuestra región para producir información confiable y válida que permita diseñar mejores políticas culturales, preservar el patrimonio, conocernos mejor y tener una proyección a futuro.
Actualmente estamos realizando otra investigación que dirige la colega Ana Laura Alonso, más anclada en el presente y más amplia sobre la producción, la oferta y el acceso a la cultura en Paraná en distintos sectores, que nos permite además aportar información de primera mano y actualizada a nuestras clases en la Facultad. Esperamos poder continuar con esa labor y apostar al fortalecimiento de nuestra comunidad.
La hora del brindis
El libro Las voces del sonido. Historias de vida en la producción musical de Paraná, de Román Mayorá, será presentado al público el viernes 31 de julio de 2026 a las 20, en Casa Boulevard / Sala Metamorfosis, Ituzaingó 80.
Cómo se aprende y cómo se vive la música y de qué manera producen los músicos paranaenses son algunos de los ejes que atraviesan las entrevistas a Francisco Calabretta, Alberto Felici, Leonardo González, Julio «Corcho» Soñez, Mariano Rochi, Emiliano Rey, Sebastián López, Alfonso Bekes, Flopa Suksdorf, Leandro Segovia, Enrique «Flaco» López, Emilia Cersofio, Sheila Dámaris Jofré y Gabriel Ravera.
En el evento, en el que estará presente el autor, se podrán adquirir ejemplares, habrá servicio de cantina y participará el dúo musical Panzaverde, integrado por Facundo Ludi y Simón Fischbach.











