El viernes 13, sábado 14 y domingo 15 de marzo, las milenarias artes circenses convocarán a públicos de todas las edades para disfrutar de un programa repleto de una energía, una gracia y un oficio exigente que se aprende en comunidad y que está pensado para el disfrute con otros. Con la tozudez de la risa asegurada, el Festival Entrerriano de Circo va, contra viento y marea.
Será como lo relatan las leyendas: desde los polvorientos confines de los tiempos, confluirán en Paraná legendarias técnicas y rutinas circenses que han ido comunicándose de generación en generación, de una compañía a otra, de maestros itinerantes a aprendices curiosos. Aggiornadas a nuestra realidad, los saberes y prácticas se desplegarán en tres jornadas que servirán tanto para perfeccionamiento de los artistas como para el disfrute del público, ya que se han contemplado tres funciones con entrada a la gorra.
Se trata de la tercera edición del Festival Entrerriano de Circo que esta vez tendrá como sede al anfiteatro Linares Cardozo, en San Agustín, a la Plaza de la Naciones, en la Costanera baja, y al playón del remozado Parque Gazzano.
Las propuestas se desarrollarán el viernes 13, el sábado 14 y el domingo 15 de marzo. A puro despliegue físico, payasos, acróbatas, malabaristas y equilibristas impulsarán los límites imaginativos hasta conformar un espacio de encuentro amable en el que convivan artistas, público y familias. “En cierto sentido, el circo enseña algo muy humano: que confiar y ser confiable son habilidades que se entrenan, igual que un salto o un equilibrio”, le dijo Nahuel Valiente a Tekoha, durante una entrevista en la que dio detalles de lo programado y de la valoración que lo sustenta.
–¿Cuál la historia de este Festival?
–El Festival Entrerriano de Circo surge como una iniciativa cultural destinada a promover el arte circense en la provincia de Entre Ríos. El festival nace de encontrarnos con amigos y compañeros circenses, y principalmente ver la necesidad de generar un espacio para que los artistas locales y de la zona puedan mostrarnos su arte en un escenario. Generar instancias de compartir entre estos artistas sus vivencias, sus formaciones y así promover el circo en la ciudad de Paraná.
–¿La expresión “entrerriano” del nombre ha logrado ser una realidad o todavía es un objetivo por el que hay que seguir insistiendo?
–En varios sentidos la expresión “entrerriano” se logra con solo el hecho de hacerlo en Paraná, y hacer que los artistas de circo, los que están eligiendo ese camino o cualquier persona que sienta la curiosidad de meterse en las artes del circo, lo tenga a mano en Paraná como un disparador inicial, un incentivo para continuar o una etapa más de formación.
Tenemos varios otros objetivos en cuanto a llamarlo “entrerriano”. Por ejemplo, poder traer artistas de toda la provincia, tal como lo hemos hecho en las ediciones anteriores. La realidad es que, en esta situación económica tan compleja, y ante el hecho de que todavía no hemos logrado el apoyo del estado o instituciones privadas que esperábamos para poder cubrir los viáticos necesarios, invitar a grupos de otras localidades es un objetivo que lo seguimos trabajando. Otra linda idea es poder traer o repatriar artistas entrerrianos que se fueron a formar a otros lugares (del país o el mundo), que puedan traer sus vivencias y formaciones para compartir con los artistas de la zona y el público que venga al festival.
Son todos objetivos que los tenemos, y los queremos seguir trabajando en las futuras ediciones del festival.
–¿Qué distingue a la propuesta de “circo en comunidad” del 2026 a las de encuentros anteriores?
–En esta tercera edición, se busca consolidar el festival como un evento accesible e inclusivo, llegando a distintos sectores abiertos y públicos de la ciudad de Paraná y sus barrios, facilitando el acceso al arte para todos los públicos, con especial énfasis en la inclusión social y comunitaria.
Esta edición propone tres espectáculos circenses en formato varieté en espacios estratégicos de la ciudad: el Anfiteatro Linares Cardozo (Barrio San Agustín), la Plaza de las Naciones (Parque Urquiza) y el Parque Gazzano, llegando así a toda la comunidad.

–¿Cuál es la realidad del movimiento cirquero en la provincia?
–Mi sensación, y creo que coincidimos con el grupo de producción del festival, es que el movimiento circense de la provincia se encuentra bastante disperso, por eso creemos de gran importancia reunirlos en un festival como este.
–¿Cómo se aprenden las artes circenses?
–Históricamente, las artes circenses se han ido pasando de generación de familia circenses a otras. Entonces, trabajar en los circos era la única manera de aprender. Eso todavía sigue existiendo, pero hace varios años, las artes circenses han pasado a formar carreras universitarias (hay 2 en argentina) y se han abierto muchísimas escuelas o espacios culturales, en donde se puede acceder y aprender las artes circenses, no solo como una profesión, sino también como actividad deportiva y de recreación.
Un lugar que nos ha formado a muchos artistas de la zona, es la Escuela de circo Municipal “Larrisa”, que sigue desde hace ya más de 10 años, funcionando como semillero de artistas circenses y es la única con formación integral. Después hay varios espacios en donde se puede aprender distintas disciplinas (más que nada acrobacias aéreas), como en el centro cultural “La Hendija”, espacio “Menagerie” o el espacio “Invertidos acrobacias aéreas”, entre otros.
–¿Qué parte de la preparación es ensayo escénico y qué parte entrenamiento físico?
–Son dos partes muy distintas. Generalmente, primero se desarrolla el entrenamiento físico, la destreza por sí sola, los trucos, enlaces, etcétera; y luego se trabaja como todo eso, se lleva a escena de acuerdo a lo que el o los artistas quieran comunicar, o generar en el público. Esta segunda etapa para mí es un trabajo de la misma importancia que la primera o mayor incluso, ya que lleva al artista a colocarse en otro plano: creador, poético, desafiante, etcétera.
–¿Qué tan certera es la impresión de que la confianza en el compañero es clave para el circo?
–Es muy certera. En el circo, la confianza en el compañero es fundamental, casi tanto como la técnica.
En muchas disciplinas circenses -acrobacia de dúo o grupo, mano a mano, trapecio, báscula, palo chino compartido- la seguridad física depende directamente del otro. Cuando un acróbata se lanza al aire o se deja caer, no lo hace solo: lo hace porque confía plenamente en que alguien lo va a sostener, recibir o equilibrar. Pero esa confianza no aparece de un día para el otro. Se construye con trabajo en conjunto, comunicación constante, responsabilidad mutua, confianza emocional, etc.
Además, desde lo artístico, esa confianza también se percibe en el escenario. El público siente cuando hay un vínculo verdadero entre los artistas.
–En relación al valor de la confianza, ¿qué genera esa práctica para el artista una vez que deja la pista o el escenario?
–La práctica de la confianza en el circo no queda solo en la pista; suele transformarse en una forma de estar en el mundo para el artista. Cuando un acróbata entrena durante años dependiendo físicamente de otra persona, se desarrollan aprendizajes que luego se trasladan a la vida cotidiana: capacidad de confiar en otros, responsabilidad, escucha y sensibilidad corporal, gestión del miedo y del riesgo, etc.
En mi etapa como docente, trabajábamos muchos ejercicios muy simples de confianza, y luego se veía claramente cómo las personas que asistían, se relacionaban con sus compañeros de distinta manera.
En cierto sentido, el circo enseña algo muy humano: que confiar y ser confiable son habilidades que se entrenan, igual que un salto o un equilibrio.
Programación
Viernes 13 de marzo
Varieté de apertura: 18 en el Anfiteatro Linares Cardozo (barrio San Agustín, El Rodeo 700). Entrada gratuita con aporte a la gorra.
Sábado 14 de marzo
Gala de Circo: 21 en Plaza de las Naciones (Costanera baja). Entrada gratuita con aporte a la gorra.
Domingo 15 de marzo
Varieté de Cierre: 17.30, en Parque Gazzano, Caravana Payasa. Función a las 18 en el playón del parque.











