Las alas de la canción

18 junio 2026 5 minutos
Redacción

Altamente positiva fue la experiencia del Dúo Enarmonía en España. Frutos del trabajo consecuente. Sus integrantes, la remirense Haydeé Chaparro y el federaense Guido Tonina, desde hace 42 años vienen tejiendo una labor cultural que supera el listado de canciones que nutre sus repertorios pero que en ellos se espeja.

Más de cuatro décadas después de que decidieran constituir el Dúo Enarmonía, Haydeé Chaparro y Guido Tonina siguen siendo parte de unos vientos vigorosos que nos reúnen con melodías, ritmos y poesías cercanas, capaces de conmovernos. En Paraná, no sólo formaron una familia, sino que además le dieron sustento estético y político al arraigo.
Además de la destacada obra conformada, defienden las artes populares y los artistas que van contra la corriente en un programa radial llamado Esencia, que se emite desde Radio UNER Paraná, convertida en cabeza de playa de una constelación de emisoras argentinas que retransmiten la propuesta, los domingos de 10 a 12.
Como parte del largo periplo compartido, el Dúo Enarmonía se acaba de presentar en España, en virtud de conexiones que han permitido las amistades cosechadas a lo largo de los años.
La propuesta estética vincula el canto compartido, la recuperación de delicadas poéticas, la cuidada composición musical atenta a los ritmos de la escritura, la actitud artesanal ante los arreglos y la laboriosidad en la creación de variaciones armónicas y texturas. Hay mucho trabajo invertido en los repertorios, lo que hace que nunca sea una experiencia igual escuchar las canciones del Dúo Enarmonía.
Más allá de lo específico, esta forma de trabajo constituye un desafío cierto ante las políticas de uniformización que caracterizan lo que se consume a escala masiva. No se trata de un problema teórico, abstracto, de esos que sólo interesan a expertos de laboratorios académicos o ratones de biblioteca. Es una situación que impacta directamente en las formas de sentir, de pensar, de existir y de convivir al estrechar de manera formidable la oferta de ventanas desde donde asomarse a otros mundos.
De esa manera, lenta aunque inexorablemente, las olas de la moda borran las referencias locales, hacen desvanecer las particularidades regionales, las vicisitudes cotidianas se destierran, y el contacto con el entorno próximo se enrarece y anonada, como si la referencia territorial se circunscribiera a ser parte de una publicación en redes sociales, de esas que circulan sin cesar, de un lado a otro del mundo digital.
En ese juego aparentemente inofensivo, eso que llamamos identidad o sentido de pertenencia se relativiza y al copiar modelos presentados como exitosos nuestras expectativas van estrechándose hasta generar realidades monocromas que nos separan de los antepasados, de los vínculos, de nuestra historia y también de nuestro presente común, noción que al perder visibilidad se minusvalora.

Brújulas

En algún momento, se pensó que más que tomárselas con los medios de comunicación había que enfocarse en las mediaciones, es decir, en lo que las personas y las comunidades hacían con aquello que los medios transmitían, como quitándoles poder a sus mensajes. Más equilibrado sería pensar que unos y otros forman parte de un mismo paisaje, en permanente reacomodamiento. Se trata de un sistema vivo, dinámico, no una foto.
De hecho, con los años aquella batalla cultural planetaria incorporó “drones” que llamamos redes sociales que simulan ser activados por otros usuarios, hipotéticamente iguales a nosotros, sin otro fin que no sea entretenerse y conocer nuevas personas.
Esa guerra de bajo impacto bombardea los puentes entre la creatividad, la laboriosidad y los públicos. En ese conflicto, la memoria molesta, estorba. Quienes se resisten a esa lógica, cada vez encuentran menos espacios para desarrollarse, un cóctel que se completa con políticas culturales espasmódicas, pensadas para amontonar gente y ganar megustas entre seguidores algoritmiados.
Por cierto, la tensión por la homogeneización del gusto siempre existió. El problema es que de un tiempo a esta parte una proporción cada vez más baja de la población puede arrogarse el derecho a elegir qué escuchar y qué ver por fuera de las opciones que ofrecen quienes han convertido a los bienes culturales en un mero recurso para obtener la mayor rentabilidad posible, económica y política.
No le corren el cuerpo a estos debates ni Chaparro ni Tonina. Pero se los nota más enfocados en construir, tal vez porque uno de los procedimientos de la vulgaridad refinada es acusar a los críticos de aburridos, de no estar a la onda, de no sumar.
Además de autores, intérpretes y difusores de la canción popular los integrantes del Dúo Enarmonía también son investigadores de la cultura en un sentido amplio. La nueva radicación de Federación, el impacto del tren en localidades del interior o la antología de canciones en base a la obra de poetas de Argentina, Chile y Uruguay, son parte de esos desvelos.
De todos modos, en diálogo con Tekoha, esta vez circunscribieron sus referencias a la reciente experiencia española, con presentaciones en Móstoles y Madrid.

–¿Cómo surgieron estas presentaciones en Móstoles y Madrid?
–En cada viaje que hemos realizado con anterioridad hemos tenido la oportunidad de hacer contacto con gente del ambiente artístico, ya sea presenciando espectáculos culturales o relacionándonos a través de amigos comunes.
El hecho de que Guido haya hecho los arreglos de dos discos de Rafael Amor y nuestra participación en ellos, ha significado que cierta gente nos identificara y se interesara por nuestro trabajo también.
No olvidemos además que nuestra hija y su esposo están trabajando también con su dúo de tango y tienen conocimiento de la movida por allí.


Itinerarios

–¿Cómo es Móstoles?
–Móstoles está situada en la Comunidad de Madrid, a 45 minutos en tren, y es una población muy pujante y sumamente bella. Allí encontramos un librero muy emprendedor y sumamente abierto a prestar su espacio para este tipo de eventos. Cuando hace frío o llueve, organiza espectáculos dentro de su librería, pero siendo un día propicio lleva la cultura a una plaza ubicada frente a su negocio (lo que sería el patio de un teatro allí ubicado). Fue así que congregó un buen número de público acostumbrado a que ahí pueden encontrar propuestas interesantes.

–¿Qué significa Madrid para ustedes?
–Madrid, además de bella, es una ciudad muy acogedora. Por supuesto que el hecho de tener dos hijos viviendo allí, nos aporta un plus más que interesante, pero tener la oportunidad de recorrer sus calles, parques, monumentos, ver la diversidad cultural y étnica, nos reafirma el hecho de que es una ciudad de oportunidades.

–¿Qué repertorio hicieron en uno y otro lado?
–A Móstoles llevamos la obra de las poetisas (Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral) ya que tenía que ver con el entorno donde nos encontrábamos. La presentación fue por la tarde, con sol, debajo de una glorieta con glicinas, lo que le dio un toque distinto y fue muy impactante la reacción de la gente, pues muchos no las conocían. Tal vez a la argentina, algunos, por la versión de Mercedes Sosa de Alfonsina y el mar. Se llevaron muchos discos y se acercaron haciéndonos comentarios muy halagadores. Incluso recibimos algún libro de regalo de un poeta entusiasta.
El otro recital, fue por la noche y resultó en un momento mágico, donde actuamos junto a queridos amigos artistas, Juliette Robles, en canto, Martín Espada, en guitarra, el balet Tusuy Ñan, con danzas, el Dúo Cuatro Alas (Cecilia Tonina y Luciano Pasquetto), en tango. Además, hasta hubo gente del público que se animó a bailar. El repertorio fue un recorrido por distintas etapas de nuestra carrera, ya que lo hicimos a modo de celebración de los 40 años de trayectoria que aquí no pudimos realizar.

–¿Qué significado tiene este viaje realizado?
–Para nosotros es la demostración de que la madurez nos permite seguir proponiendo alternativas nuevas aquí y haciendo conocer nuestro repertorio de años ante un público distinto, conservando el interés en cada caso.

–¿Qué balance hacen?
–Es más que satisfactorio. Bien es sabido aquello de que “nadie es profeta en su tierra” y nos ha tocado vivirlo en distintos momentos. Aquello nos renueva las energías y nos impulsa a seguir esta huella que hemos ido marcando por aquí, chiquita, pero firme; y nos abre puertitas por allá, sobre todo con nuevos y buenos amigos tras ellas.
El 2026 ya nos está marcando nuevos compromisos, fechas y escenarios que nos comprometen y nos alientan, además de dar comienzo a un viejo anhelo de creación de un espacio para desarrollar actividades en nuestra querida ciudad, muy pronto en marcha.

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