Un nomeolvides bordado            

1 marzo 2026 4 minutos
Redacción

El jueves 5 de marzo desde las 20, en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, quedará expuesta una bandera de la memoria que contendrá los nombres bordados de víctimas entrerrianas de la última dictadura. Con acceso libre, el evento es organizado por Bordadoras de Memorias Paraná y la Asociación La Solapa, colectivo de ex presos, ex presas, exiliados y exiliadas por razones políticas.

Cuando un puñado de mujeres decidió organizarse para bordar los nombres de víctimas de la dictadura formalmente instaurada el 24 de marzo de 1976, acaso no sabían con exactitud que estaban desempolvando una técnica que hunde sus raíces en culturas milenarias como la china o la egipcia. Lo que tenían claro es que querían homenajear a seres queridos, generalmente jóvenes, desde puntos de reunión diseminados en distintas localidades de Entre Ríos.

En la historia del colectivo Bordadoras de Memorias los ovillos personalísimos de cada trayectoria se aliaron a agujas de precisión histórica en la premisa de enredarse unos con otros desde bastidores de ubicuidad política hasta formar un arco iris de experiencias mixtas.

En los primeros tiempos, pintar con hilos ha servido para ornamentar el sentido de pertenencia a las élites; hasta que con la revolución industrial se masificó. De un tiempo a esta parte, bordar a mano en América Latina ha sido parte de estrategias de resistencia social y también metáfora militante que ayuda a entender el carácter singular, irrepetible de cada historia pese a que pueden ser escritas con los mismos insumos.

Rosario Badano es una de las tantas que se dejó atrapar por la propuesta. Para conocer detalles, Tekoha la entrevistó.

–¿Cuál es la historia de este proyecto?

–Pertenecemos a La Solapa, una asociación de ex presos y presas por razones políticas y de exiliados y exiliadas de Entre Ríos que ya tiene un camino recorrido de dos décadas. Un día nos encontramos con que en distintos puntos del país había mujeres, artistas textiles que, guiadas por aquella consigna de Eva Perón, bordaban fragmentos de sus discursos en camisas blancas. Las Descamisadas visitaron Paraná con una muestra y ahí hicimos el contacto. También nos inspiró la experiencia del colectivo Bordando luchas de ayer y de hoy, de ex presas políticas cordobesas que son verdaderas magas bordando. Así, nos incorporamos a esa tradición que por cierto es mucho más numerosa que los casos destacados que estoy citando, y decidimos bordar los nombres de las víctimas entrerrianas de la última dictadura.

–¿A qué alude la expresión víctima?

–A desaparecidos, asesinados, encarcelados que nacieron en Entre Ríos. Es una acepción amplia. Nos interesa subrayar que, por fuera de referencias contemporáneas, las Bordadoras de Memorias nos sumamos a una tradición latinoamericana antiquísima que va desde los textiles precolombinos, las damas mendocinas, las arpilleras chilenas y las bordadoras de Isla Negra a las experiencias en Brasil como Líneas de Horizonte y Puntos de Luchas y a Bordar Memorias, en Quilmes, Argentina.

En este momento hay muchísimos grupos de bordadoras, en distintos puntos del país.

–¿Y en Entre Ríos?

–Estamos las de Paraná, que bordamos los nombres de las 317 víctimas; las de Concordia, que suma todos los días gente nueva y bordará los nombres de la costa el Uruguay; las de Gualeguaychú y las de Rosario del Tala.

La mayoría son mujeres, pero también hay varones. Lo interesante es que pertenecemos a distintas generaciones y tenemos diferente trayectoria de participación ciudadana, política y social. Lo que nos une es la voluntad de juntarnos. Nos reunimos semanalmente, los martes, en Casa Grande, que funciona en lo que fuera el ex Hospital Ferroviario, por Andrés Pazos, entre Corrientes y San Martín. Ahí fuimos constituyendo esta grupalidad, lo que incluyó la participación como capacitadora de una profesora de bordado. En ese momento no lo veíamos como un arte textil sino como una forma de mantener viva la memoria, lo que nos permitía integrar a gente que conocía el oficio con otros que fueron aprendiéndolo allí.

–¿Qué desató la práctica del bordado como tal?

–Bordar es una forma de contar, de narrar. De hecho, en cada bordado hay una historia social. La primera interpelación que se constituye es quién es éste cuyo nombre estoy bordando, lo que implica una conexión con la historia personal y política de la persona recordada que conduce a nueva forma de intimidad. Hay un lazo invisible que hace presente. A la riqueza del proceso nos fuimos asomando con la experiencia que, en principio, intentaba generar un hecho político a partir de la exhibición de los nombres.

–¿En qué etapa se encuentra?

–Con los bordados de cada una se estuvo cociendo la bandera. La tarea fue asumida por los sastres del Teatro Municipal, lo que representa una ayuda impresionante.

De todos modos, la semana próxima las Bordadoras de Memorias nos volveremos a reunir porque van surgiendo otras actividades. Una de ella es que el trabajo quedará expuesto en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, en Paraná, el jueves 5 de marzo. La idea es que ese sea el punto de partida nuestro cuando participemos de la marcha por los 50 años del Golpe de Estado.

Es una experiencia que conmueve. Reunirnos ha posibilitado que surjan ideas y nos vamos organizando para materializarlas. La onda expansiva ha ido como la que provoca una piedra cuando cae a un río aparentemente en calma.

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