Auspicioso corte de cintas tuvo el viernes Blanca Irradiante, el nuevo proyecto hecho realidad desde la gestión de Casa Boulevard. Un público que recorrió todas las franjas etarias se dio cita, entre emocionado y estremecido, para disfrutar del encuentro compartido y apreciar la primera muestra de la sala.
Por el rato que duró la inauguración de Blanca Irradiante, Casa Boulevard fue un hormiguero nocturno de complicidades del arte y la vida misma. La ceremonia de lealtad se forjó en honor a la inquieta Silvina Fontelles, la serena Marta Zubieta y un equipo cooperativo que integran también Malala Haimovich, Julián Villarraza y Guillermo Vesco.
Al espacio se accede por una ladera de escaleras. Es una burbuja cúbica, nívea por donde se la mire, con un balconcito de madera para admirar el entorno, contemplar el tetris de salas del complejo o conversar sobre lo que estuviera siendo expuesto. En este caso, medio centenar de obras de pequeño formato que, de alguna manera, cuenta la historia del Programa Doméstico que conduce Raquel Minetti. La artista y docente es asimismo la curadora de la exhibición inaugural, SUBhASTA, junto a Paola Chiappella. La muestra incluye cierta interacción con los visitantes, toda vez que cada pieza tiene un valor inicial asignado y los interesados en llevársela deben ofertar sobre esa base, a sobre cerrado.

El viernes, bajo las estrellas, un peregrinar de devotos sin mahomas, escuchó a Fontelles decir: es el día más feliz de mi vida, lo que no es poco si se tiene en cuenta la extensa condición de aventurera de experiencias expresivas en las que se ha involucrado, desde cuando su juvenil caos propositivo se integró al aplomo de Gito Petersen para abrir caminos en la gestión cultural que siguen siendo innovadores y desafiantes, a cuatro décadas vista.
Blanca Irradiante es una galería y mercado de arte que busca ser caja de resonancia para la obra de artistas paranaenses y de la región, ya provengan del arte moderno o contemporáneo, no importa la generación a la que pertenezcan, se trate de reconocidos o emergentes. Como espacio para la reunión debe pensar, inevitablemente, cómo incentivar el coleccionismo y también de qué manera influir en la formación continua de los creadores.
Blanca Irradiante se integra a Sala Metamorfosis y BuleBar Terraza Cultural. En todos los casos, el ingreso es por Ituzaingó 80. Dicho sea de paso, el entorno urbano va recibiendo los aportes municipales para una debida puesta en valor: de noche, el sector luce mejor iluminado; en el cantero que separa la manzana de Casa Boulevard de los Altos de Ituzaingó ya se vislumbra una vereda, que jerarquiza el conjunto. A un par de cuadras, reluce la concurrida plaza Borges, donde hasta no hace tanto había un terreno baldío. Son apuestas que, desde otros flancos, confluyen con la recuperación edilicia que ha promovido la incorporación del centro cultural a este sector de la ciudad.

Mirado el panorama desde su cúspide más reciente, Casa Boulevard es asimismo una metáfora arquitectónica de cómo las artes pueden suturar heridas y hacer supurar dolores, incluso aquellos atroces; de qué manera la experiencia puede volverse abrazo; cómo los proyectos pueden unir lo pasado a lo actual, lo viejo a lo reciente, lo menudo a lo excelso, reinventando lo que lucía caduco; por qué circuitos se puede conectar lo escindido, qué tipo de puentes son capaces de acercar orillas.
En lo puntual, Blanca Irradiante representa un pequeño paso para el quehacer plástico de la ciudad y un reto de proporciones que se traduce en la propuesta de darle reposada proyección a la enjundia de los comienzos.











