EDITORIAL
Una esencia legendaria y fugaz se juega en la relación de las comunidades humanas y las personas con el entorno. Por momentos, lo que somos encuentra en el paisaje su escenografía, parece el telón de fondo delante del cual soñamos, construimos una obra o nos desperdiciamos; un instante después, esa sustancia que es tiempo, experiencia y territorio se transforma en el motor, pasa a ser aquello que nos explica, nos precede y nos proyecta.
No siempre nos asiste la sabiduría suficiente para reconocer que lo que somos está vinculado con la propia iniciativa, pero también con la voluntad indescifrable de un río existencial que resuelve cuándo un bajo se hará isla, cómo le acercará tierra y desechos naturales que le permitan agazaparse y enfrentar la corriente, qué papel jugará el bicherío salvaje en el arraigo o cómo crecerán los sauces que darán una sombra eterna hasta que la inundación los voltee y arrastre agua abajo, para quedar varado en una laguna solitaria hasta convertirse en la raíz de un islote futuro. En fin, creemos que es el río el que sucede, no nosotros. Paradoja.
De alguna forma, la canoa del número 18 de la revista Tekoha surca por estas corrientes diversas, caprichosas, en las que lo efímero es una excusa para que lo perenne vuelva a brotar, se refunde y siga viaje. De hecho, la propuesta comunicacional se inaugura con una crónica en letra de celuloide en la que la Liga de payasos, la Compañía Teastral, Tete Caridad y Relámpago Verde hacen malabares en la cornisa de las temporalidades y los oficios del reír. Luego, Tirso Fiorotto propone un paseo por futuros ancestrales capaces de abonar una nueva perspectiva de la existencia y una reformulación de la práctica periodística. El escritor Edgardo Lois se suma a la rueda de retrospectivas del porvenir para rearmar la experiencia de Anécdotas de churrasquero con la que recorrió senderos para sulky y caminos asfaltados en busca de historias de artistas entrerrianos. A su turno, el Dúo Enarmonía llevó a pasear su repertorio refulgente por España para que los madrileños abracen a Guido Tonina y Haydeé Chaparro y les hagan tintinear las cuatro décadas de canto y guitarra con nuevos desafíos poético musicales. Por último, Pablo Morelli y Alicia Temón recrean a puro streaming un oficio lejano para que una serie de ideas multicolores exploten en la intimidad de la imaginación.
Para que Tekoha sea ese el lugar donde irremediablemente somos lo que somos es conveniente dejarse llevar por ese caudal de antiguo gesto, dejar que sus aguas se abran paso entre lo que parecía inconmovible y descubrir los paisajes venideros que ese caos creativo fomenta.
¿Listos para leer? Manos a la obra, entonces.











