El lanzamiento de la miniserie Cautiva reactivó el interés por el libro Las torturas del convento, el vigésimo título de Daniel Enz. Según se intuye de la expresión del periodista e investigador, ambos contenidos retroalimentan el interés de lectores por mirar la serie y de televidentes por conocer detalles de la pesquisa, que se originó con la publicación de una denuncia suya en 2016.
Protagonizada por Carolina Kopelioff y Lorena Vega, la miniserie de seis episodios narra el calvario del encierro durante 15 años de una religiosa, la fuga del convento y la posterior lucha para conseguir justicia y reparación. La historia está basada en un caso real, sucedido en el monasterio de las Carmelitas Descalzas, en Nogoyá, que salió a la luz cuando Enz publicó una nota hace diez años, en Análisis.
A su debido tiempo, la Justicia corroboró la existencia de un régimen de torturas físicas y psicológicas, como parte de un sistema de humillante disciplinamiento que incluía entre las sanciones el aislamiento, las restricciones alimentarias y la privación de la libertad.
A lo largo de las 300 páginas, Las torturas del convento sigue al detalle la evolución de la investigación judicial que derivó en la condena de la madre superiora Luisa Esther Toledo. El suplicio, la crueldad y los tormentos aplicados sistemáticamente a personas que ingresaron voluntariamente como parte de una opción espiritual y, como contrapartida, el deseo de liberación, son tensiones suficientes para darle dramatismo a la historia. El valor fundamental del libro está en la gestión del dato.

El material audiovisual es ficcional, por lo que el diálogo con el registro documental del libro genera un mutuo beneficio entre lectores y espectadores.
También la periodista entrerriana Sandra Miguez volcó su oficio en el libro Líbranos del mal, referido a los mismos hechos, analizados desde una perspectiva de derechos humanos. La licenciada en Comunicación Social incorpora entrevistas a familiares, se pregunta por el rol histórico de la mujer dentro de la Iglesia Católica como estructura de poder y cuestiona el peso del silencio en instituciones de clausura. En tanto, Enz privilegia la reconstrucción de la investigación periodística original de 2016 y desarrolla el expediente judicial de manera detallada.
Como se ve, los libros, ambos de autores locales, tienen enfoques complementarios y pueden enriquecer la perspectiva lectora de sus destinatarios.











