Una tocata de quinceañeros

16 octubre 2026 8 minutos
Víctor Fleitas

Para evaluar lo andado, agradecer y proyectarse, nada mejor que ritualizar la experiencia y así habilitar la aparición de emociones, reflexiones y pensamientos creativos. Es lo que está planeando el Cuarteto de saxos 1846, con un concierto que recorrerá los 15 años de trayectoria. El show será en la Casa de la Cultura, el sábado 24, desde las 20.30.

Si el tiempo fuera un instrumento, los integrantes del Cuarteto de saxos 1846 deben tener en claro que para resplandecer sobre un escenario, para lucirse en los entramados armónicos, para ser la red de contención suficiente que le permita al solista practicar una acrobacia sonora en las alturas, hay una tarea imprescindible, silenciosa, menos glamorosa, por la que nadie aplaude y pocos consideran, que puede metaforizarse en la paciencia y la minuciosidad con que debe encararse una sesión de limpieza de estos objetos cónicos, relucientes, dominados por el implacable metal pero con el toque justo de amabilidad que propone la madera, a quien trompetas y clarinetes han visto abrirse paso por las suyas desde que un músico belga de apellido Sax lo patentara, el 21 de marzo de 1846.

Por cierto, 15 años representan una sustancia bastante más compleja que contabilizar los 180 meses que delimitan la experiencia con alambrado de calendario. Es lo que desde que empezaron a imaginar un festejo por el tiempo compartido le viene queriendo decir el entorno. Lo intentaron aquellas partituras con arreglos a la medida cuando se liberaron de la atadura de folios y se desparramaron por el piso, accidentalmente; lo sugirieron las fotos del cuarteto con distintas formaciones que las redes sociales rescataron del ayer; lo incentivaron los comentarios elogiosos de los artistas invitados a ser coprotagonistas de la celebración.

El trabajo de cada uno, en soledad, ajustando su parlamento pentagramado, la sensación maravillosa de que una frase difícil salga a la hora en que la prudencia recomendaría estar descansando para emprender con buen talante la jornada venidera, la trabajosa urdimbre de los ensambles, las pizzas caseras, el sabroso crujir de los asados, los brindis, las charlas jugosas no necesariamente enfocadas en la música, han ido conformando una raíz que los une mientras unos y otros van escribiendo su propia historia personal.

En efecto, además de los sesenta cambios de estación, el aniversario comprende en cierta forma una vida compartida: los malabares para ensayar, la asistencia a una escuela sin director para aprender los palotes de la variable convivencia, el ahínco para encontrar fechas y lugares de actuación, las sobremesas para reforzar la voluntad durante los ciclos cuesta arriba.

Integrado por Maximiliano Herrlein, Noelia Sattler, Nehemías Almeyda y Santiago Belén, el Cuarteto de saxos 1846 accedió a una entrevista, a pedido de Tekoha. Lo que sigue es parte de lo conversado en la oportunidad, a propósito de 15 años cuarteteando, el espectáculo que se desarrollará el sábado 24 de octubre desde las 20.30, en la Casa de la Cultura, en la esquina suroeste de Carbó y 9 de Julio. Las entradas anticipadas se pueden tramitar comunicándose a 343 4 046149 o 343 4 386650.

–¿Cómo serán los festejos por los 15 años de la agrupación? ¿Con qué se encontrarán los asistentes?

M.H.: El festejo tiene muchos de los aspectos que siempre acompañaron al grupo. Lo que se ve y lo que no. Dentro de lo que se ve públicamente, lo musical; describir más sería spoilear el evento. Y lo que no se ve, compartir con amistades y comida. Porque es un cumpleañitos. De esa parte la gente quizás no se va a enterar. Jajajaja

N. S.: Será un concierto donde los protagonistas serán no solo los actuales integrantes del cuarteto, sino también aquellos que a lo largo de estos 15 años han sido parte, muchos saxofonistas por supuesto, pero también percusionistas, bailarines con los que hemos compartido proyectos artísticos.

N. A.: Este festejo será el resultado de mucho esfuerzo y dedicación. Hemos dedicado tiempo y energía a cada aspecto del festejo por estos 15 años y se van a encontrar con músicos increíbles de Parana y Santa Fe, que han compartido mucha música con nosotros.

–¿Qué ha significado este camino recorrido para la identidad del cuarteto?

M. H.: La identidad del cuarteto fue mutando. En el momento en que nos dimos cuenta que había cosas que estaban re buenas pero no las sentíamos propias encaramos otros repertorios. Hicimos jazz, conseguimos arreglos de distintos países latinoamericanos. También aparecieron tangos, chamamés y milongas; y ahí entendimos que nadie más que nosotros iba a tocar esa música. Así que, desde hace un tiempo, seguimos haciendo el repertorio que formó parte de nuestro crecimiento, pero el foco estuvo puesto en lo litoraleño y alrededores. Eso llevó a que mucha gente nos conociera y que muchos más nos acercaran y nos confiaran sus composiciones o arreglos. Y yo en particular es algo que valoro, me contenta pero que no deja de ser un desafío hacer lo que otros no hacen. Es hacer camino andando y pensar a la música desde un rol mucho más activo.

N. S.: La evolución ha venido con el tiempo, la propia maduración musical de cada uno hablando un poco de lo técnico del estudio del instrumento. Pero desde un comienzo, allá por el 2011 tomamos este proyecto muy en serio y con la premisa de que lo musical era lo primordial, el tocar lo mejor posible cada obra. Con el tiempo pudimos ir animándonos a arreglos más complejos y a géneros musicales que nos presentaban desafíos, por ejemplo, la música de Piazzolla. En cuanto a lo estético también siempre fue un punto al que le dimos importancia. No hubo ninguna presentación en la que no pactáramos de antemano la vestimenta. Por lo general tocamos todos de negro, por la formalidad, dándole de alguna manera importancia al evento al ir “bien vestidos” y por otro lado los instrumentos dorados resaltan mucho mejor con un fondo negro, jaja. 

En cuanto a los arreglos, en un principio tocábamos lo que conseguíamos. Hoy en día, con varios años presentándonos en los escenarios, muchos otros músicos nos conocen y nos han escrito arreglos especialmente para nosotros, lo cual nos emociona muchísimo. Uno de los temas que grabamos en nuestro álbum “Márgenes” es un chamamé del músico entrerriano Juan Martín Caraballo que compuso y que arregló para nuestro cuarteto. Y así como él, varios más nos ofrecen sus músicas para que las interpretemos.  

–¿Cómo surgió la idea de conformar el cuarteto?

M. H.: El cuarteto tuvo sus inicios dentro del aula donde estudiábamos saxo. Con nuestro profe como emprendedor y partícipe de esa primera instancia. Fue quien nos mostró que se podía hacer música con esta formación. Pero luego de un tiempo eso quedó parado. Y cuando nos juntamos con “los miembros fundadores” salió la propuesta y arrancamos. Tocábamos lo que nos había cedido nuestro profe. Y fue así por mucho tiempo.

Luego algunos se alejaron por cuestiones particulares, propias de sus vidas. Y al tiempo, luego de un concierto con Noe vimos y pensamos lo mismo; pero no fue hasta que terminó ese concierto que Noe se acerca y me dice: “che Max, tengo ganas de reflotar el cuarteto”.

A lo que le respondí que yo también; y que había gente nueva con las herramientas necesarias para tocar los únicos arreglos que teníamos. Esos dos personajes que teníamos a la vista eran Iván Pandiani y Nehemías Almeyda.

Le hicimos la propuesta, dijeron que sí y arrancamos a ensayar. Ensayamos muchísimo hasta que el grupo se consolidó y vibramos todos en la misma sintonía.

Hasta no hace mucho tiempo, nunca había mirado en retrospectiva. Y fue justo ahí, cuando me di cuenta que hicimos muchas cosas. Muchas. Muchos escenarios. Ciudades. Festivales chicos, medianos y grandes. Internacionales en algunos casos. Tocamos en otras provincias. y en medio de todo eso, anécdotas de todo tipo. Y también mucha gente copada, genia, genuina e interesante para quedarse hablando semanas.

N. S.: Arrancamos como tres adolescentes estudiantes de saxofón en la Escuela de Música Constancio Carminio (Maxi Herrlein, Mario García y yo) con mucho entusiasmo de armar un grupo y tocar por ahí. Le insistimos tanto a nuestro profesor Charly Avveduto que armamos con él el primer cuarteto (de esto hace más de 15 años…) y tocamos en Santa Fe, en la Escuela de Música de allá compartiendo escenario con un cuarteto de saxos de allá (también estudiantes) y luego en la Escuela de Música de acá, donde los santafesinos también vinieron. Esa se puede decir que fue como la chispa que encendió todo. Después ya más decididos armamos nuestro cuarteto con nombre y apellido “Cuarteto de Saxos 1846”, con Pamela Madorno, otra estudiante compañera nuestra. Y ahí arrancó todo.  

–¿Cómo se organiza una banda que tiene a sus integrantes dispersos en una amplia región, envueltos cada uno en sus propias rutinas y procesos laborales y familiares?

M. H.: Por mucho tiempo no fue difícil, porque estábamos en un momento bastante similar de nuestra vida artística o de estudios. Pero con el correr de los años se complejizó un poco porque naturalmente cada integrante es distinto y con gustos distintos; y se animaba o le interesaba profundizar sobre lo que le gustaba. Y fue siempre encontrando el punto de equilibrio. Ese esfuerzo permitió que el cuarteto se nutriera de lo que aprendía cada uno por su lado. Nos dio una base muy grande que nos ayudó a crecer más y más rápido y entender nuevos mundos que antes quizás eran impensados.

Antes, nunca se me hubiera ocurrido tocar con un cuarteto de saxos en festivales de jazz de renombre. Y lo hicimos dos veces.

N. S.: En un principio todos vivíamos en Paraná y éramos estudiantes por lo que el tiempo no era un problema. Con el pasar de los años y la vida de adulto, jaja, se fue complejizando porque cada uno ya tenía su trabajo y, en mi caso, los hijos. Pero siempre encontramos la manera de buscarle la vuelta para poder ensayar, tal vez no tan frecuentemente como antes.

Luego al cambiar los integrantes y al mudarse Maxi a Santa Fe se sumó la distancia, pero nunca tiramos la toalla, repartimos los ensayos entre las dos ciudades vecinas y logramos continuar. Hoy son dos en Santa Fe y dos en Paraná. 

–¿Cómo se encontraron con el instrumento?

M. H.: Esa historia es muy larga, y no la voy a escribir. Quedará para contarse cuando haya un costillar de por medio. Jajajaja.

N. S.: Lo mío fue concreto, volvía del campo con mi papá y en la radio de la camioneta sonó una canción que tenía un solo de un instrumento que me enamoró en la primera frase, y ahí dije “quiero tocar eso”. Si bien la música me atrae desde que tengo uso de razón, el saxofón me llamó con esa canción (que tristemente no recuerdo cuál era, creo que nunca supe el nombre).

–¿Qué referencias artísticas tuvieron para multiplicar el estilo habitualmente solista del saxo?

M. H.: Referentes hubo varios pero los más significativos son Gerry Mulligan, Ronnie Cuber (escucho el solo de Moanin con la big band de Charles Mingus y todavía me eriza los pelos de los brazos) y Paquito de Rivera con quien tuve el placer de compartir asado, ensayos y concierto tocando la música que él toca por todo el mundo. Hay mucha gente más, pero esos son los que siento que tocaron algo que activó la motivación.

N. S.: El formato “Cuarteto de Saxos” no es algo nuevo o que hallamos creado nosotros, ya existe desde hace mucho tiempo, así como es habitual el cuarteto de cuerdas. Nuestro problema en un principio es que éramos cuatro saxofonistas pero nos faltaban saxos, ya que todos teníamos el mismo, el alto; y un cuarteto se conforma con cuatro saxos diferentes: soprano, alto, tenor y barítono. Por suerte en nuestros principios, hizo su aporte la generosidad de músicos como Horacio Jurasek, director de la Banda Infanto Juvenil Entrerriana, organismo que nos prestó los que nos faltaban hasta que pudimos tener los propios.

–¿Representa el cierre de un ciclo o la apertura de una nueva etapa?

M. H.: Creo que es ambas cosas. Sirve para poner en perspectiva y en valor. Y desde ahí mirar nuevos horizontes con el bagaje que tenemos y que me gustaría seguir alimentando en otros destinos y escenarios.

N. S.: Esperemos que sea para continuar y con más fuerza. Festejar es detenerse a pensar y valorar lo logrado y el empuje para lo nuevo. No es fácil sostener una banda 15 años, y creo que ha sido porque hemos mantenido el respeto siempre y la admiración de cada uno hacia el otro. ¡Ojalá siga muchos años más, e incluso que trascienda a las personas!

Te recomendamos…

Un teatro arraigado

Un teatro arraigado

El salón comunal de La Picada y el Parque Escolar Berduc serán sedes de Teatro y territorio, una propuesta que pondrá el acento en la cosmovisión, historia y presente de los pueblos originarios. Tanto Mujer litoral como La quietud de los huesos, son espectáculos con...

Viaje a la galaxia de la comunicación

Viaje a la galaxia de la comunicación

Durante dos días, la Facultad de Ciencias de la Educación será sede de unas jornadas que concentrarán a investigadores del campo de los Estudios de Comunicación, de la Argentina y del exterior. La participación presencial o a distancia es gratuita, con inscripción...

Un cierre a puro jazz

Un cierre a puro jazz

Cuatro distinguidas voces de la región y la fantástica Santa Fe Jazz Ensamble se integrarán en la interpretación de un repertorio de swing. Será este sábado desde las 21, en la Escuela de Música, Italia 61. El evento, abierto al público en general, será el cierre...