El libro Huellas de la imagen contemporánea se enfoca en analizar cómo la digitalidad reconfigura la experiencia estética y los regímenes de visualidad. Producto del trabajo en equipo de investigadores argentinos atravesados por el pensar filosófico, el material propone herramientas conceptuales para comprender el lugar de la imagen en las formas actuales de vida social.
No es una novedad que la cultura cotidiana está atravesada notoriamente por lo visual y que ese carácter se ha ido acentuando según pasan los años. Dado que la balsa de nuestra percepción se mece con las olas de época se dificulta establecer en qué medida la imagen modela las formas del pensar y el sentir, los modos de asimilar la realidad y las maneras de imaginar alternativas a esa versión del mundo y de los vínculos. La marea sensorial va haciendo su trabajo, rediseña las costas, arrastra sedimentos, erosiona imaginarios, construye castillos de arena con los que las personas pueden entretenerse y proyectarse, desde su propio teléfono móvil.
De pronto las imágenes han abandonado la misión circunscripta de registrar lo real, y así, la antigua contemplación pasiva que se producía en la vida y en el arte, puede convertirse en una experiencia participativa, sensorial, a menudo inmersiva. Quién más, quién menos, los usuarios saben lo que es manipular una imagen, por mano propia o a través del reenvío de contenido ajeno. Aunque no estemos dotados de conceptos, intuitivamente, no es extraño que sepamos gestionar sentidos, incluso rozando el malentendido o provocándolo.
Es un mundo maravilloso enfocado muchas veces en la mera operación y el candoroso disfrute y mucho menos en la reflexión de lo que se provoca. La saturación de imágenes (selfies, memes, iconografías virales) o la “postfotografía”, donde el acento no está en la toma, sino en la apropiación y recontextualización de imágenes existentes, son notas de diagnóstico que justifican la inquietud de analizar de qué modo operan en nosotros mientras creemos manipularlas.
Para vigorizar el diálogo, La Hendija ediciones incorporó a su catálogo un libro que no se limita a describir el impacto de la tecnología sobre las imágenes. Huellas de la imagen contemporánea examina cómo la digitalidad reconfigura la experiencia estética y los regímenes de visualidad contemporáneos. Visto su contenido en panorámica, la obra es una reflexión colectiva que propone herramientas conceptuales para comprender el lugar de la imagen en las formas actuales de vida social.
Compilados por Guillermo López Geada y Diego Lucas Cordeu, los ensayos reúnen investigaciones que desmenuzan estas transformaciones desde una perspectiva filosófica. Es un libro de unas 270 páginas. A través de intercambios con autores como Vilém Flusser, Giorgio Agamben, Jacques Rancière o Hito Steyerl, los capítulos abordan problemas como la indicialidad fotográfica, la imagen paramétrica, la cultura de la pantalla, la superabundancia visual y el capitalismo digital.
“Vivimos en un tiempo de proliferación incesante de imágenes: pantallas, redes y dispositivos digitales no sólo multiplican su circulación, sino que transforman los modos de ver, producir y experimentar el mundo”, se señala, antes de aportar que “en ese escenario, pensar la imagen contemporánea exige interrogar sus condiciones técnicas, sus implicancias políticas y sus efectos sobre la sensibilidad”.
Para conocer detalles de la obra, Tekoha entrevistó a López Geada y Cordeu. Lo que sigue es una síntesis de lo conversado.

–Toda comunidad tiene un origen, ¿cuál fue el del grupo que sostiene el libro Huellas de la imagen contemporánea?
–Nuestro grupo está conformado por docentes, graduados y estudiantes de las carreras de Filosofía de la Universidad Nacional de Mar del Plata. A fin de este año se cumplen 10 años desde que iniciamos las reuniones en torno a nuestro primer proyecto de investigación. Se refería a los problemas de la estética contemporánea, convocados por la docente que aún coordina el grupo, que es quien escribe el prólogo de este nuevo libro. Desde entonces, el grupo fue creciendo y sumando integrantes que estaban en diferentes instancias de formación, principalmente de la UNMdP, aunque también de otras universidades nacionales.
Nuestra primera investigación se abocó a realizar una propuesta introductoria a un conjunto de autores contemporáneos que analizan el vínculo de la estética con otros campos de la vida intersubjetiva, como la ética o la política; pero luego poco a poco nuestros interrogantes fueron virando hacia la materialidad de las prácticas artísticas y las experiencias estéticas y, más precisamente en este último, exploramos el conjunto de problemas que trae lo que algunos autores y autoras llaman la “informatización” de la vida.
Hacerlo desde la filosofía en general, y desde la estética en particular, nos conduce a abordar estas cuestiones asumiendo las mutaciones que ha atravesado la imagen, desde quién y cómo la produce hasta quién y cómo la recibe y en qué contexto. Con ello apuntamos a pensar los cambios que afectan a nuestra sensibilidad, corporalidad, la organización espacio-temporal y cuánto de ello tiene que ver con el estado actual de las cosas, así como con la posibilidad de transformarlo. La preocupación que sobrevuela Huellas de la imagen contemporánea, tiene entonces su raíz en ese recorrido de trabajo.
–¿De qué modo una inquietud compartida fue adquiriendo formato de artículos y finalmente con qué criterio se integraron a un índice?
–El paso de esa inquietud al formato de artículos fue un proceso colectivo. La pregunta general en torno a la imagen contemporánea se fue materializando en análisis específicos que primero constituyeron ponencias de congresos, luego fueron interrogadas y repensadas, hasta que la producción fue suficiente como para constituir un libro.
En cuanto al criterio para integrar el índice, la obra fue estructurada siguiendo el rastro de las últimas discusiones en torno a la imagen contemporánea. Llegado un punto, notamos que la bibliografía utilizada en dichas discusiones se relacionaba con aportes que habíamos trabajado anteriormente, constituyendo así un horizonte o base teórica que recuperaba autores fundamentales como Manovich, Steyer, Flusser y Brea, entre otros. De este modo, notamos que nuestra investigación estaba en condiciones de aportar una voz propia a partir de las distintas interpretaciones que cada quien tuvo de estos autores.

–¿En qué consistió la tarea de compilar?
–La tarea estuvo centrada en proponer un modo de lectura que permita comprender el fondo común de preocupaciones que nutre a cada capítulo y hacer una lectura lo más parecida posible al modo en que se leen los libros que tienen un único autor.
Para eso mantuvimos al inicio un grupo de capítulos que, por el propio contenido que desarrollan, reconstruyen con más detalle ciertos conceptos y nociones fundamentales de la imagen contemporánea en dos sentidos: primero, respecto a la imagen, su informatización y su carácter indicial; segundo, respecto de la mirada, cómo esta se construyó históricamente y cómo se transforma actualmente. Luego, en una segunda parte del libro, ubicamos los capítulos con un mayor énfasis en problematizar efectos de la imagen contemporánea, sobre todo en lo que respecta al impacto sobre nuestra forma de vida, a la dimensión política de la experiencia y sobre la forma de producir imágenes artísticas (como en el caso de Miyazaki).
Si bien todos los capítulos ofrecen cada uno de estos elementos (reconstrucción conceptual, análisis de ejemplos y problematización) el trabajo de compilar supone reconocer afinidades internas entre los capítulos y articularlos desde una perspectiva de conjunto externa.
–¿Por qué es significativo detenerse en la imagen contemporánea?
–Porque detenerse en la imagen contemporánea no implica una preocupación meramente técnica, sino que nos permite dar cuenta de los nuevos modos de ver, producir, resistir y existir que definen la cultura actual. Vivimos en un contexto de transformaciones constantes y la imagen constituye el rastro material de cómo se reconfiguran las relaciones entre la tecnología, el mundo, la producción, el arte y la vigilancia.
Todos y todas tenemos acceso a dispositivos electrónicos que operan con imágenes y muchas veces estamos incluso obligados a integrarlos como mediadores en diversas tareas y actividades. Interactuar con ellos está tan asimilado en la vida cotidiana que no llegamos a dimensionar los cambios que se han producido en los últimos años en nuestros modos de comportamiento, subjetivación y vinculación social.
Por eso, detenerse en la imagen contemporánea significa también entender que lo que vemos está mediado por códigos y técnicas que pasan desapercibidas.
–¿Qué vacío viene a llenar el libro y cómo dialoga con la producción existente?
–Así como ocurre en otras disciplinas, en filosofía es difícil llenar algún vacío, generalmente ahondamos en el vacío para entender mejor de qué se trata, de qué está hecho y qué posibilidades nos abre. Un momento importante en nuestras lecturas y debates fue notar que algunos/as autores/as empezaban a entrecruzarse e incluso a nombrarse entre sí, lo que fue un síntoma del tamaño del problema y del horizonte inexplorado de problemas que eso supone.
Fundamentalmente, el libro nace del panorama abierto por las transformaciones de la imagen, de su abundancia, su centralidad renovada y su circulación intensiva. Buena parte de la producción existente propone pensar aspectos de la imagen contemporánea y construir una conceptualización que dé cuenta de sus cualidades al mismo tiempo que de sus potencialidades. Así, retomamos conceptos como los de imagen pobre, imagen spam, imagen promedio (Steyerl) o el de e-imagen (Brea), entre otros, en un diálogo crítico tanto con las producciones teóricas ya existentes como con las diferentes imágenes que las expresan o las interpelan.
Tras ese panorama abierto se recortan nuestras preocupaciones en torno a la posibilidad de pensar una experiencia estética que impacte sobre nuestro modo de vida cotidiana.

–¿Qué objetivos se plantea este mosaico de artículos? ¿En qué lectores están pensando?
–El libro no busca ser una propuesta cerrada. Se constituye de los avances logrados por la culminación del proyecto de investigación “Experiencia estética y prácticas artísticas en torno a la imagen contemporánea”, pero sigue siendo un aporte abierto para entender la actualidad y los modos de relación de la imagen contemporánea con el mundo.
Muchas veces se plantea que el mundo digital está separado de la realidad o que es “inmaterial”, pero lo que el libro se propone es escarbar en esa superficie para descubrir que hay códigos, técnicas y decisiones materiales que afectan nuestros modos de ver y sentir. Muchas de las cuestiones presentes en el libro se siguen trabajando en el grupo, cuyas inquietudes principales no se han podido agotar en esta obra.
En cuanto a los lectores para los que el libro está pensado, aunque la obra tiene una base académica sólida porque nació del trabajo conjunto de un grupo de investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, al escribirlo tuvimos en mente un público diverso. Cualquiera que presente una preocupación o interés por los problemas filosóficos en torno al presente digital y desee entender las huellas que la tecnología está dejando en su cotidianidad está invitado/a a acompañar estas lecturas.
–¿Qué tiene para decir la filosofía respecto de La experiencia estética entre el código y la pantalla? ¿En qué tradición se inscribe?
–Lo que intentamos plantear es que la experiencia estética puede tener lugar incluso en la estrecha zona por la que circula la información comprimida en códigos y que aparece en las miles de pantallas que nos rodean. Y no sólo ello, sino sobre todo que se trata de una experiencia muy importante, en la medida en que habilita que se abra algo distinto a la normalidad rutinaria de nuestra vida cotidiana.
Aun cuando los/as autores/as tienen sus recorridos propios y se ocupan de ciertos temas, la perspectiva se inscribe en la tradición crítica, en el sentido en que criticar significa señalar los aspectos problemáticos que sostienen una situación actualmente injusta y no por ello evidente.
Por lo tanto, es posible reconocer en todos los capítulos una forma común de trabajar sobre ciertos problemas en nuestros modos de relacionarnos con (y mediante) las imágenes: analizan casos y obras y ofrecen elementos para ver cómo podría operar una transformación social a partir de la experiencia estética.
–¿Las reflexiones son del tipo descriptivo/diagnóstico o contienen propuestas?
–Las reflexiones contenidas en el libro no son exclusivamente descriptivas ni se agotan en el formato de un diagnóstico pasivo. Por el contrario, articulan un análisis profundo del presente digital para, desde ahí, proyectar posibilidades de acción y resistencia desde el ámbito de la estética.
Como mencionamos antes, no ofrecemos una solución cerrada, sino que nuestra propuesta se introduce en la discusión actual sobre los fenómenos digitales, buscando encontrar fisuras en el sistema y alternativas reales.
El libro, entre otras líneas, propone prestar atención al potencial emancipador de las imágenes; buscar formas de resistencia a la estandarización; destacar los casos en los que la operatividad hegemónica de las pantallas se ve interrumpida y nos devuelvan la capacidad de mirar de otra forma y, desde el arte, abrir la posibilidad de una experiencia alternativa del mundo.
–¿Qué tipo de desafíos le plantean al lector?
–Al lector se le presenta el mismo desafío fundamental que movilizó la escritura del libro, desnaturalizar el carácter ubicuo y continuo de las imágenes en nuestros entornos vitales, reflexionar sobre ese modo actual de existencia de las imágenes, pensar qué momento nos ofrecen para advertir que se gesta algo diferente en el porvenir de las relaciones humanas que valga la pena ser vivido.
En términos más concretos, el desafío es introducirse en un conjunto de pensamientos compartidos, familiarizarse con las palabras utilizadas que escapan a las propias lecturas y, sobre todo, discutir con nuestra propuesta desde aquellas lecturas que a nosotros/as aún nos exceden.
–¿Qué sensaciones han tenido ante el libro terminado?
–La primera sensación fue de una profunda satisfacción por el logro de una construcción colectiva que nació en las aulas y pasillos de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Nos genera alegría saber que estudiantes, graduados/as y docentes investigadores/as logramos habitar un horizonte común de discusión, transformando una inquietud compartida en una propuesta concreta para pensar nuestro tiempo.
Esta satisfacción también está atravesada por sensaciones más urgentes. En el contexto actual de la Argentina, marcado por un profundo desfinanciamiento a las universidades nacionales y a la ciencia, el libro cobra un sentido político de resistencia. Publicamos esta obra en un año donde las oportunidades de generar debates públicos parecen vetadas, gracias al profesional y hospitalario apoyo de La Hendija ediciones. En ese marco, sentimos que producir conocimiento y pensamiento crítico en un presente donde se busca frenar nuestro trabajo es, en sí mismo, una forma de resistencia para defender la posibilidad de seguir pensando y transformando el mundo.
A su vez, no vemos este libro como un punto final, tenemos muchas expectativas por cómo estos textos funcionarán en manos de otros/as lectores/as para despertar nuevas miradas y seguir la discusión en futuras investigaciones.
En definitiva, esta publicación nos genera gratitud y orgullo por la universidad pública. Haber sostenido este espacio de investigación colectiva frente a la adversidad nos reafirma en nuestra labor como investigadores/as y en la idea de que la producción de conocimiento es un esfuerzo necesario para criticar el presente sin esquivarlo.











