“Tocando el piano me siento libre”

29 noviembre 2024 9 minutos
Redacción

Con la publicación de Libre, Silvia Teijeira cierra una ciclo de trabajo musical en torno al piano solista, que le ha posibilitado ser una mujer orquesta por la cantidad de roles que ha desempeñado. Repasar lo que siente y piensa esta artista oriunda de Federal, radicada en Paraná, permite asomarse a sus búsquedas y a las esencias que definen su sentido de pertenencia y su identidad.

El cuarto disco de estudio encuentra a la artista Silvia Teijeira en una etapa de vitalidad compositiva e incandescencia interpretativa. “El piano es el instrumento que me expresa”, le dice a Tekoha. “Amo el piano, con todo mi ser”, declara. “Es tan generoso y ofrece múltiples posibilidades, estéticamente hablando, para que el alma y el cuerpo se manifiesten”, fundamenta.
El encuentro tuvo como objetivo conocer detalles de Libre, la producción fonográfica del sello Club del disco, que ya está disponible en digital y que, en físico, será presentado en 2025, tanto en Argentina como en España. Pero, luego de los primeros compases, la charla siguió su propia línea de improvisación.
El piano, en realidad, surge de abreviar la palabra pianoforte con la que hacia 1709, su primer constructor, Bartolomeo Cristofori, intentó reflejar el hecho de que su invento lograra producir sonidos con diferentes intensidades, dependiendo del peso que se le aplique a las teclas.
En la cultura occidental, el piano se ha usado para componer, versionar, interpretar, reducir obras orquestales y tocarlas en él, pasar partes, acompañar el canto u otros instrumentos, así como para ensayar. La música centroeuropea, que suele llamarse “clásica”, le ha dado brillo como expresión solista, pero en la cultura popular en general forma parte de agrupaciones.
A más de dos siglos de los primeros ejemplares y a 11.000 kilómetros de los paisajes florentinos que empezó a llenar de melodías, en la capital de una provincia argentina, llamada Paraná, Teijeira es parte de un colectivo de pianistas solistas, que desarrollan un repertorio argentino. Pero no es una intérprete más. Ha dedicado su vida a aprender música y a enseñar y, a estudiar los cancioneros, a poner en valor las obras que consideraba valiosas y a adaptar al piano solista creaciones concebidas para otras instrumentaciones. “Me fascina ir conociéndolo más y más”, señala, en relación al cordófono simple. “Componer música de raíz folklórica es todo lo que quiero y lo que quise siempre”, considera, al indicar que “al componer, versionar obras inicialmente pensadas para otros instrumentos e interpretar, conecto con la sensibilidad de quienes se emocionan al verse reflejados en este instrumento”.

–¿Qué valor tiene este disco en las actuales circunstancias?
–En primer lugar, me siento muy feliz. Agradecida. En segundo lugar, el disco se une a producciones que desde nuestra música suman en la construcción de nuestra identidad cultural. En este caso, se trata de música argentina en piano solista, con obras propias, con clásicos, con arreglos propios en algunos casos y en otros con la interpretación de arreglos de músicos contemporáneos, referentes en el género.
Entiendo que el conjunto refleja algunos de los aspectos que nos describen y a la vez nos interpelan porque el piano es un instrumento que asociamos usualmente a otro tipo de expresiones musicales.
Pero, además, siento que es un disco impetuosamente territorial, arraigado en fuertes localías.

–¿Cómo es eso?
–El disco se gestó en Paraná, Entre Ríos, donde resido. El diseño gráfico, también, de hecho estuvo a cargo de Fortunato Galizzi y, en lo que respecta a los honorarios profesionales, se recibió apoyo del Instituto Nacional de la Música. Se grabó en Buenos Aires, en el estudio Fort Music, y el técnico de grabación fue Norberto Villagra. Fue editado en Santa Fe por Claudio Palermo, músico y parte del sello Santa Fe Records, y la mezcla y masterización fue hecha en Rosario por Gabriel Data, quien además de músico, es Director en Escuela de Música (FHyA-UNR) y profesor universitario.
De esa red de talento y profesionalidad salió Libre. En la amplia producción creativa argentina, este material es un granito de arena más en la construcción de nuestra identidad múltiple, en el que el contenido, el proceso, las personas, las instituciones participantes y el producto final, hablan de un nosotros vasto y nos invita a mirarnos en su música.

–¿Qué sentido le asignás a Libre como parte de una obra discográfica, si miraras tu producción en perspectiva?
– Lo veo como una síntesis de mi camino durante los diez años que pasaron desde la grabación del disco anterior, Bien florido Puro litoral, el tercero de mi cosecha.
En ese lapso, paralelamente a ir seleccionando el repertorio, realizando los arreglos, trabajando la interpretación de los temas de Libre, estuve dedicada a otros proyectos musicales en los que fueron amalgamándose las dimensiones de la compositora, arregladora e intérprete, con la docente, la investigadora y la que no deja de estudiar la música popular y el instrumento. A esas huellas las siento reunidas en esta cuarta entrega.

–¿Cómo se vincula este proyecto con los otros en lo que operás como un punto dentro de una red de artistas, para producir libros de partituras o ciclos de presentaciones junto a otros pianistas?
–El disco, como los demás proyectos, son diferentes lados de mi expresión como música y de la construcción y la manifestación de mi persona. Composición, arreglos, estudio, trabajo puntual, interpretación, gestión cultural, docencia, armado y sostenimiento de agrupaciones: siempre la música es el eje, solo que son diferentes aspectos, grupos de trabajo, roles, proyectos, donde el cada día, la vida cotidiana, lo afectivo, nutren lo demás.

–Hay diferencias entre tus presentaciones en vivo y los contenidos del formato disco. ¿Qué función cumple la producción fonográfica en un contexto como el actual?
–Tocar con público y grabar en estudio son vivencias muy diferentes. Me gustan ambas. Hacer música con la audiencia cerca o alrededor genera una corriente de reciprocidad que es maravillosa. Hay una energía de entrega recíproca que se hace palpable musical y corporalmente. Las emociones habitan ese espacio. Es como que nos enriquecemos mutuamente y se va creando ese momento, con la atención y el cariño de las personas que allí estamos. Para mí, el escenario y el público que asiste a escucharme son sagrados.
La grabación, al menos como me gusta hacerla a mí, son momentos de introspección total, donde participamos el técnico de grabación y yo. Nadie más.
Dentro del marco de las horas pautadas para cada jornada, no mido el tiempo que me lleve conseguir o acercarme a lo que busco. El objetivo es expresar una obra.
Lo que me pasa es que aprendo enormemente grabando cada disco, en muchos sentidos, además del musical. Escuchar las tomas, seleccionarlas, recibir el profesionalismo de quien edita, mezcla, hace la masterización, definir qué queda de lo planificado, qué sonido va a definir al disco o cuál será la distribución de los temas son instancias de mucho aprendizaje.
Como es tan abstracta la música, grabar y luego escuchar el disco en su totalidad me permite ver el proceso de mi propio crecimiento desde afuera, en perspectiva.

–¿Cómo fue la experiencia de grabar este disco?
–Hermosa. También resultó un espacio de interpelación para seguir creciendo en todas las cuestiones que implica: la selección de las obras o la definición de qué tipo de afinación del instrumento es más conveniente desde el punto de vista sonoro.
El piano utilizado es un Yamaha C7 que está en muy buen estado. La afinadora logró un timbre que me gusta mucho. La sala es muy linda, por cierto. En ese estudio y con la totalidad del equipo participante, es el segundo disco que grabo. Todo lo demás se fue ajustando.

–¿Cómo lo pensaste a Libre?
–Fue leudando. Sabía que habría temas míos, versiones de clásicos, algunas transcripciones. Sumado a ello, deseaba abordar, en algunos temas puntuales, composiciones de autores que estuvieran reversionadas por ellos mismos, deseando transitar otros conceptos pianísticos, diferentes al mío. En ese sentido, elegí cuatro obras.
También, deseaba incorporar temas de músicas entrerrianas, y por el espacio, fue una.

–Aparece un tema cantado, en el que el piano ejerce un protagonismo a dúo, junto al canto de Teresa Parodi…
–Sí, fue muy bello, un sueño cumplido gracias a la generosidad de la inmensa Teresa, artista que tanto me emociona y admiro.
Para ello, el productor Germán Andrés, quien me acompañó en la producción artística, la contactó y le contó sobre este deseo mío de grabar con ella A la abuela Emilia. Le presenté mi trabajo y ella con esa bondad y humildad, aceptó.
Atesoraré ese momento tan profundo de acompañar su canto y la amena y afable charla que nos regaló luego. Ese día Germán estuvo en todos los detalles.

–Además de enseñar, tomás clases de piano y por las redes nos enteramos que cada tanto te involucrás en espacios de formación y estudio de la cultura popular. ¿Cómo sentís que te aportan esas instancias?
–Me aportan mucho. Asistir a clases me impulsa a crecer, a adquirir más recursos, a encontrar caminos de resolución. La escucha de una artista y formadora como es Graciela Reca, es un verdadero regalo. Ella tiene un gran bagaje formativo específico que desarrolló como artista, tocando, y que sigue inspirando y formando a pianistas que vienen de todas partes a tomar clases con ella. Es un privilegio que valoro y cuido porque es inconmensurable lo que me brinda. Voy a clases con ella desde el año 1990 y siempre acompañó mi determinación de tocar música folklórica.
En otros espacios particulares de música popular, aprendo mucho también. Básicamente me gusta estudiar, soy de hacerme preguntas. Ahora mismo estoy tomando clases de análisis y armonía. Es tan satisfactorio sentir que se puede progresar, para que el espíritu, las emociones, la vitalidad, se puedan expresar cada vez más claramente, en la música, en el piano.

–Expresivamente, ¿qué te sigue brindando?
–La posibilidad de exteriorizar quien soy, sin intermediaciones. Siento que, tocando mi repertorio en el piano, aflora claramente mi ser y puedo mostrar el alma, los sentimientos, las emociones. Puedo recordar, imaginar, compartir con quienes se sienten interpretados por mi música. También, me permite expresar aspectos de la naturaleza, las estaciones, las manifestaciones climáticas, imitar a las aves, pintar los paisajes musicales.
Soy libre tocando el piano. Y trabajo para que cada vez pueda conocerlo más, porque hay muchas vivencias, sentimientos que me encantaría compartir a través de él y confío en que así será.

Recorrido Libre

En algún momento de la entrevista se le propuso un ping pong a Teijeira para que, entre passing y boleas, comparta los motivos y sentimientos que influyeron en el armado de la playlist de Libre.

  • Libre.
    -Es un tema de mi autoría, instrumental. Le da el nombre al disco y representa, para mí, la profundidad y el esplendor de lo diáfano y simple.

–El porqué.
–Es una milonga de José Larralde que cantaba desde niña, junto a mi hermano. El escritor quilmeño, Pedro Patzer, me invitó a participar en Radio Nacional Folklórica, en Buenos Aires, de un homenaje a Larralde. Elegí ese tema, hice el arreglo y fui a tocarlo. Quise grabarlo para el disco.

–Un pueblo de paso.
–Un tema de gran belleza, que pertenece a Carlos “Negro” Aguirre. Él fue maestro mío, por muchos años, y deseaba grabar un tema suyo y que el arreglo también fuera de él.

–Huella errante.
–Es una Huella, pieza original para guitarra, de Gustavo Surt, un músico de Chajarí, Entre Ríos. Quería hacer un tema suyo y elegí ese porque me conmovió al escucharlo. Realicé la transcripción para piano.

–Saltó el gato.
–Es un gato que me pertenece. Lo quiero mucho y me divierte tocarlo.

–A la abuela Emilia.
–Es un chamamé con letra y música de Teresa Parodi. Es una carta a su abuela Emilia. Tan hermoso, sentido y profundo. Me gusta mucho la obra de Parodi. Elegí ese entre todos los temas de su vasta producción porque me sentí identificada con lo que dice su letra y esa melodía, ya que mi mamá estaba en la última etapa de su vida, en mi ciudad natal, y, en mi subjetividad, la describía a ella.

–Estudio Nº6-Vidala.
–Una vidala, del libro “15 estudios para piano, sobre ritmos y formas de la tradición musical argentina”, de Ariel Ramírez, (con digitación de Antonio de Raco).
Hace unos años, el diario santafesino El Litoral, con la curaduría de la periodista Mili López y un equipo de colegas suyos, realizó un homenaje a este músico santafesino. El formato era audiovisual y cada capítulo muy completo. De Entre Ríos nos convocaron a Carlos Aguirre y a mí, para tocar obras de Ramírez y entrevistarnos. Elegí dos obras de su libro de estudios, porque son bellísimas y me parece importante difundir ese material para piano, cuyos arreglos realizó él mismo. Luego, seleccioné para el disco la vidala.

–Victoria.
–Es un rasguido doble del músico de la ciudad de Victoria, Entre Ríos, Darío “Tati” Grandolio. Es uno de los tres temas que versionaron los autores. Originariamente la obra fue para grupo de acordeón, guitarra, bajo y percusión. La energía y los colores de Victoria me encantan.

–Alma Guaraní.
–Es un Chamamé con letra de Osvaldo Sosa Cordero y música de Damasio Esquivel, que versioné para piano. Es un clásico de la música litoraleña que siempre quise tocar.

–Ojos carnaval.
–Es un aire de zamba, bello y enigmático a la vez, con letra y música de Gustavo “Koky” Satler. Lo compuso para su hija y con el tiempo lo versioné para piano.

–El acordeón de la nona.
–Su autora es Marcia Müller, música oriunda de la provincia de Buenos Aires y radicada en Entre Ríos. Lo elegí especialmente por ser un tanguito montielero y en homenaje a tantas mujeres músicas que tocaban en su casa, para sí, para su familia, y tenían como compañeras al acordeón, a la guitarra, a la voz cantada. Muchas de ellas inspiraron a sus nietos y nietas.

–En la cúpula.
–Es de mi autoría, instrumental como los otros. Simboliza el impulso creador que puede surgir de experiencias de vida que requirieron determinación para convertirse en luz.

–Tientos cruzados
–Es un malambo del músico Remo Pignoni, de la ciudad de Rafaela, Santa Fe. Me fascina.

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