Un festejo a toda orquesta protagonizó el Cuarteto de saxos 1846. Fue en la Casa de la Cultura, por sus quince años de trayectoria, con un sólido espectáculo musical. La agrupación ofreció un repertorio versátil que aprovechó las singularidades del instrumento, equilibrio y homogeneidad sonora y afinación precisa para redondear una velada emotiva. Además de evento celebratorio, el show fue una especie de conjuro y un brindis por lo que viene.
Con un repertorio que alternó clásicos del jazz, el tango la música de raíz folklórica, y creaciones especialmente pensadas y arregladas para ellos, el Cuarteto de saxos 1846 celebró 15 años de trayectoria artística a pura música. Integrada por Maximiliano Herrlein, Noelia Sattler, Nehemías Almeyda y Santiago Belén la agrupación ha tenido diferentes conformaciones a lo largo del tiempo y también ha variado en su repertorio, evidencia de que las búsquedas artísticas siguen siendo el motor que sostiene el encuentro.
El show que tuvo lugar en la Casa de la Cultura reflejó de alguna forma ese recorrido, con presencia de invitados, entre los que se destacó el baterista José Luis Viggiano. La propuesta tuvo una puesta técnica impecable, en luces, sonido y disposición en el espacio. Fue el soporte necesario para el despliegue de los artistas que, por otra parte, tuvieron un sólido desempeño.

Foto Eunice Bertram
El resultado musical, delicado en los detalles, sustentado en fundamentos sonoros que encuentran potencia en la integración armónica de recursos, parece ser el indicio de una doble apuesta. Por un lado, la intimidad de cada uno con su instrumento, que se cristaliza en la calidad y cantidad del tiempo consagrado al estudio en soledad. Por otro lado, la eficacia de los ensayos del cuarteto para que la expresión colectiva no resulte una sumatoria de individualidades sino un tejido de hebras de distinta intensidad y color en el que la función de unas sustenta el papel de las otras.
La visión panorámica de cada paisaje se enriqueció con una gama de arreglos que le dio variedad identitaria a cada tema y como expresión de conjunto ofreció una galería de alternativas en el tratamiento de las composiciones.
Ese soporte sonoro de alta profesionalidad se complementó con la amabilidad de los intercambios dialogados entre tema y tema, oportunidad en que se compartieron anécdotas risueñas o emotivas y se contextualizaron las épocas del Cuarteto.
Por lo escuchado en esta presentación el sonido de la banda ha evolucionado, por ejemplo, en relación al muy buen disco Márgenes. Aquella noche, en la Casa de la Cultura, Herrlein, Sattler, Almeyda y Belén tejieron la telaraña pentagramada que les habían asignado. Tocaron con autoridad técnica y swing; escuchándose, no sólo digitando correctamente de manera individual. Con voz propia. Versátiles. Con sentido de pertenencia. La amalgama resultó deliciosa, una oda a la laboriosidad y delicadeza musical, que fue retribuida con largos aplausos.

Foto Eunice Bertram
Como plus, desde el escenario, los músicos transmitieron gestos de celebración al comprobar que iban escalando nuevas cimas, secreto que podría explicar el momento del cuarteto, cuya alta calificación se mantuvo cuando interpretaron jazz, milongas, valses peruanos, zambas, tangos y composiciones típicas de América Central.
La historia del Cuarteto de saxos 1846 tiene su costado cinematográfico, si se piensa que hace 15 años el vínculo entre tres arriesgados estudiantes de la Escuela de Música y su profesor cavaron los cimientos de una experiencia con déficit de partituras y de instrumentos. El proceso, evidentemente, los ha enriquecido como artistas y, en fusión de sus testimonios, también como personas. Algo de ese espíritu agradecido conformó la atmósfera del concierto aniversario.
Foto de portada Nicolás Virgilio












